En la llamada “era del conocimiento”, la buena escritura y el manejo del discurso son imprescindibles, tanto para las disciplinas “técnicas” como para las “humanísticas”. Desde el sentido común se supone que se trata de habilidades innatas, que “se tienen o no se tienen”, o que se adquieren de una vez y para siempre en la niñez y adolescencia. Hasta las carreras universitarias suelen planificarse desde esos presupuestos: los estudiantes ya aprendieron a escribir, y es cuestión en todo caso de reforzar la gramática en quienes llegan con algún déficit a la hora de expresar sus ideas y saberes por escrito.
Sin embargo, para Estela Moyano, lingüística, docente titular de la Universidad Nacional Guillermo Brown (UNaB) y referente del Programa de Competencias en Discurso Profesional y Académico, esas ideas tan frecuentes y arraigadas no sólo son equivocadas desde un punto de vista teórico, sino que representan una gran dificultad en los procesos de aprendizaje y creación de conocimientos. Incluso están en la base de la problemática de miles de jóvenes que, habiendo tenido acceso a la universidad, no logran mantenerse para seguir la carrera y obtener un título.
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En primer lugar, asegura, las competencias discursivas necesarias para la vida profesional y académica en cualquier disciplina van mucho más allá de la habilidad para “escribir bien”, y requieren de un aprendizaje muy específico: “Aprender a manejar la complejidad de los mecanismos del lenguaje y los diferentes discursos es una tarea necesaria tanto para quienes hayan tenido una trayectoria escolar o una procedencia familiar que les haya facilitado el desarrollo del mismo como en quienes por historias diversas han tenido más dificultades, y que no vienen mal preparados, como se suele decir, sino que no han tenido ocasión de ser preparados”, comentó la docente de la UNaB.
Lo complejo del lenguaje
Los profesores suelen coincidir en que los alumnos tienen problemas, por ejemplo, para construir oraciones. “Hay sin embargo problemas de mayor nivel, como la dificultad para organizar la información en un texto”, dice la doctora Moyano. Aprender a navegar en la pluralidad de voces sin “hundirse” ni quedarse en la mera superficie es otro punto importante en las competencias discursivas: “Cualquier texto de nivel universitario tiene la voz de un autor que dialoga con otras voces, que cita a otras voces, refiere a otros textos, se basa en otros textos o discute con ellos; esos juegos de voces implican muchos recursos lingüísticos, y no alcanza con aprender normas de citación para comprender e incorporarlos”.
Una innovación que ha madurado la UNaB es la primera universidad del país que incorpora un programa de formación en competencias discursivas desde el inicio en cada cuatrimestre. Si bien formalmente el Programa fue creado por el Consejo Superior de la UNaB en marzo pasado, lo cierto es que esta universidad –la más joven del sistema público– decidió trabajar con la propuesta de Moyano desde el inicio de sus actividades, a fines de 2019.
La docente venía de haber gestado experiencias precursoras de este programa, con idénticos principios metodológicos pero diferente formato, en la Universidad Nacional de General Sarmiento y en la Universidad de Flores. “Desde que me recibí en el profesorado y empecé a dar clases en el nivel secundario, ya en los ‘80, me encontré con una situación muy problemática en la lectura y la producción de textos –cuenta–. Había muy poca práctica de la escritura en la escuela, pero en niveles universitarios y de posgrado muchos de esos problemas seguían en los alumnos que estaban escribiendo sus tesis”. A la vez, docentes de las más diversas materias se quejaban de que las competencias supuestamente adquiridas en los espacios de escritura no se reflejaban después a la hora de hacer trabajos, monografías o artículos.
“Los docentes de nuestro equipo trabajan con los de cada materia para saber qué recursos específicos es necesario trabajar en cada caso, y las prácticas se desarrollan en los horarios y con los contenidos de las propias asignaturas”, explicó la docente de la UNaB. Esta metodología funciona en todas las carreras que dicta la universidad, comenzando por dos materias en el primer cuatrimestre de cursada y luego en una por cuatrimestre hasta finalizar el segundo año. A partir del tercero, se trabaja en una materia por año hasta concluir la carrera.
¿Cuál es el objetivo del programa?
Con la incorporación de este Programa y su visión de que enseñar a entender el lenguaje es la clave para optimizar los procesos de aprendizaje curricular, la UNaB persigue, entre otros objetivos, el de conseguir que la presencia territorial y el ingreso irrestricto se traduzcan en altas tasas de permanencia de los alumnos en las respectivas carreras. Y, por supuesto, que logren graduarse.
“Las altas tasas de deserción en las universidades argentinas se deben en parte a dificultades en el trayecto, y parte de esas dificultades tienen que ver con problemas en la comprensión y producción de textos”, asegura: “Ahí es cuando dicen: «Esto no es para mí»”. La propia experiencia de esta universidad ya permite mostrar resultados, sostiene: “Cuando los estudiantes pueden producir un texto y luego editarlo, entender lo que hicieron y reflexionar acerca de qué recursos aplicar y cuáles no, logran versiones notablemente superiores a la primera”.
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