Otro nuevo ejemplo de “tirarse encima de la granada” protagonizó uno de los conductores de horarios centrales en la televisión argentina. Se trata del versátil Sergio Lapegüe de la señal de noticias TN del Grupo Clarín.
Esta vez no dudó en defender ‘las reglas del libre mercado’, inclusive para un área tan sensible como la farmacéutica, en donde los “clientes” por lo general son ciudadanos que no tienen opción de no comprar un medicamento cuando aumenta en exceso y sin razón, porque lo necesitan, muchas veces en situaciones de vida o muerte.
EL PARTICULAR “MERCADO” DE MEDICAMENTOS
Pero poco fue lo que le importó a Sergio Lapegüe esta particular circunstancia que estaba narrando espléndidamente el director del CEPROFAR (Centro de Profesionales Farmacéuticos) Rubén Sajem, explicando las (no) razones para esa suba indiscriminada que se viene dando en los valores de remedios.
Sergio Lapegüe defendiendo el libre mercado inclusive para el área tan sensible de los medicamentos
“Se regula porque no hay un consumidor que pueda elegir, que pueda posponer la compra. No hay competencia de precios, entonces en cinco meses sin regulación, los laboratorios se vieron con la libertad de aumentar los precios“, dijo el representante del sector farmacéutico.
Allí fue cuando Lapegüe cerró con una reflexión polémica: “Va a llegar un momento, (como tienen también vencimiento), que a estos productos no los va a vender nadie, ¿los laboratorios qué van a hacer con esos productos?, los van a tener que tirar. O sea, en algún momento no van a poder aumentar tanto, o van a tener que empezar a bajar. La ley de mercado habla de eso ¿no?, oferta y demanda“, argumentó el conductor del Grupo Clarín, intentando dar clases de teoría de la economía liberal de los “padres austríacos” del modelo libertario.
El problema sobre la desregulación de los precios de los medicamentos fue autogenerado por las políticas del actual gobierno de Javier Milei.
SERGIO LAPEGÜE “AL RESCATE”
Los defensores del libre mercado argumentan que la competencia entre las empresas farmacéuticas fomenta la innovación y la eficiencia, lo que eventualmente beneficia a los consumidores (pacientes).
Por otro lado, los críticos señalan que la salud no puede ser tratada como cualquier otro bien de consumo, ya que la demanda de medicamentos es a menudo inelástica; los pacientes no pueden simplemente dejar de comprar medicamentos esenciales como respuesta a los precios altos.
La postura de Lapegüe generó una ola de reacciones en las redes sociales y entre el público en general. Mientras los libertarios aplauden su valentía por “tirarse encima de la granada” y defender sus convicciones, la mayoría lo critica por su aparente insensibilidad hacia aquellos que luchan por acceder a tratamientos vitales.
Este incidente pone de relieve la tensión entre los principios económicos y la ética social. Mientras que la libertad de mercado es un pilar de la economía capitalista, la accesibilidad a medicamentos asequibles es un derecho humano fundamental.
La pregunta sigue siendo: ¿deberían las reglas del libre mercado aplicarse sin restricciones en la industria farmacéutica?
¿Necesita el gobierno que comunicadores influyentes traccionen en la sociedad para ganar la tan anhelada batalla cultural?
¿Quiénes enarbolarán en los grandes medios el necesario enfoque que equilibre estas políticas insensibles y proteja a los consumidores más vulnerables?

