Los premios Gardel son el anhelo de los artistas locales y, después de cuatro décadas, la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA) compite en el área de Tango en el máximo galardón de la música argentina.
Reafirmando el valor de la educación pública en la cultura nacional, en el edificio de Vélez Sársfield 680, la comunidad tanguera editó un disco por el cual busca conquistar al jurado en los premios Gardel y a la comunidad con su música.
Para la comunidad Avellanense no es solo una postulación más en la industria; es un hito que rompe un silencio editorial de 40 años. La Orquesta de Tango de la institución, integrada por músicos formados en sus propias aulas, ha logrado materializar un sueño que hoy busca su lugar compitiendo en dos categorías centrales, Mejor Álbum Orquesta de Tango y/o Instrumental y Mejor Canción de Tango.
El camino al disco
La producción, respaldada por el sello Acqua Records y gestionada por Diego Zapico, es el resultado de un proceso de maduración pedagógica y artística. En un contexto donde la cultura y la educación pública suelen estar bajo la lupa del debate presupuestario, la EMPA responde con producción.
Desde la dirección y el equipo docente del área de Tango, describen este avance como de toda la “comunidad educativa en su conjunto”, ya que, no pertenece a una sola firma. La difusión del certificado de postulación en redes sociales fue más que un trámite administrativo, se lanzó como una invitación al público y a los jurados para que escuchen lo que se gesta en los pasillos de una de las instituciones más prestigiosas del país.
Identidad y resistencia
La postulación a los Gardel coloca a la orquesta de la escuela en la misma liga que las grandes producciones comerciales, pero con un valor agregado, la identidad. El disco no solo registra tangos, registra una forma de enseñar y de entender la música popular como una herramienta de transformación social.
Mientras se esperan las nominaciones finales, en Avellaneda ya se siente el triunfo. Haber vuelto a grabar después de cuatro décadas y haberlo hecho con la calidad necesaria para aspirar a un Gardel es, en sí mismo, la mejor nota de una partitura que la EMPA empezó a escribir hace mucho tiempo y que hoy, finalmente, suena para todo el país.

