El fenómeno de El Niño ya está en marcha y podría provocar lluvias superiores a las habituales en buena parte del país, además de una creciente del río Paraná hacia finales de este año o comienzos del próximo. Así lo anticipó Gonzalo Ratner, referente de Defensa Civil de Rosario.
“El Niño es una certeza. Ya está instalado y se desarrolla con características de un fenómeno fuerte”, afirmó. También señaló que algunos pronósticos contemplan la posibilidad de que alcance la categoría de “muy fuerte”, la clasificación oficial inmediatamente superior.
Ratner destacó que hoy existe mucho más conocimiento público sobre el tema que una década atrás. “Durante el último Niño fuerte, en 2015 o 2016, costaba instalar la discusión. Diez años después, prácticamente todo el mundo escuchó hablar del fenómeno”, explicó.

Pronostican lluvias por encima de lo normal
Las primeras consecuencias ya aparecen en los pronósticos trimestrales. Para septiembre, octubre y noviembre se esperan precipitaciones superiores a los valores normales en el centro de la Argentina.
En el noreste del país y el sur de Brasil, las estimaciones anticipan lluvias que podrían ubicarse entre normales y muy superiores a las habituales. Ese panorama, según Ratner, podría extenderse progresivamente hacia Rosario y su región.
La llegada de más agua tendría un efecto directo sobre el Paraná y los humedales ubicados frente a la ciudad.
Una creciente hacia finales de año
Defensa Civil estima que el nivel del río podría aumentar hacia finales de este año o durante los primeros meses del próximo.
“Todos los fenómenos de El Niño fuerte registrados en la historia terminaron generando una creciente del Paraná. Entendemos que esta vez no será la excepción”, sostuvo Ratner.
El funcionario aclaró que no todas las crecidas están relacionadas necesariamente con El Niño, aunque los episodios de mayor intensidad suelen provocar un incremento importante del caudal.
La recuperación del río y de los cursos internos de las islas aparece como una buena noticia después de varios años de sequía. En aquel escenario, la falta de agua favoreció la propagación de las llamas y permitió que focos pequeños se transformaran rápidamente en incendios de gran magnitud.

El agua vuelve a funcionar como cortafuego
Las últimas lluvias ya permitieron el ingreso de agua en lagunas, arroyos y sectores bajos del humedal. Esos cursos funcionan como cortafuegos naturales y frenan el avance de las llamas.
“Estamos viendo que algunos focos comienzan y se extinguen solos porque encuentran agua en su recorrido”, explicó Ratner.
Si las precipitaciones aumentan y el Paraná recupera caudal, esa barrera natural podría fortalecerse. Sin embargo, el funcionario remarcó que las mejores condiciones climáticas no reemplazan los controles ni resuelven el origen del problema.
“Está la mano del hombre”
Ratner descartó que la aparición simultánea de incendios en distintos sectores de las islas responda a causas naturales.
“Es imposible que la naturaleza genere tantos focos al mismo tiempo y en lugares diferentes. Está la mano del hombre”, aseguró.
La hipótesis es que el fuego se utiliza para limpiar terrenos con abundante vegetación. Aunque la presencia de agua reduce las posibilidades de propagación, las quemas continúan representando un riesgo para el ecosistema y para las localidades que pueden quedar alcanzadas por el humo.
El municipio mantiene las cámaras de la costa orientadas hacia la zona de islas para detectar focos de manera temprana. Ante la aparición de una columna de humo, se informa a Protección Civil y se activa la comunicación con las autoridades de Entre Ríos para coordinar el operativo.
El Niño podría aportar el agua que durante años faltó en el Delta y ayudar a contener los incendios. Pero mientras los focos sigan siendo provocados, la vigilancia seguirá dependiendo de las cámaras, los protocolos y una reacción rápida.


