El Gobernador Axel Kicillof estrenó la semana que pasó un nuevo ministro. El sindicalista Walter Correa reemplazó a Mara Ruiz Malec al frente del Ministerio de Trabajo. Ese retoque del Gabinete puede no ser el último antes de que termine su mandato. Hay una silla caliente y es la de un ministro-intendente.
La llegada de Walter Correa al Ministerio de Trabajo es parte de una rosca que tiene muchas, muchas vueltas. Dirigente alineado con Cristina Kirchner -requisito indispensable para desembarcar en el Gabinete de Axel Kicillof- pero también de la CGT, reestableció el equilibrio sindical en el Gobierno de la Provincia después de lo que fue el “copamiento” de ATE.
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La salida de Mara Ruiz Malec a la AFIP -un organismo que, se prevé, será parte de la estrategia defensiva de Cristina Kirchner- fue una verdadera sorpresa para la política bonaerense. El sillón de la ahora exministra estuvo de remate en la época del desembarco de los intendentes al equipo de Kicillof, pero ningún postor mostró interés.
“Cargo menor” dicen cerca de uno de los Jefes Comunales a los que se les atribuía interés. El Ministerio de Trabajo tiene alto nivel de conflictividad y bajo impacto político, más allá de que permite plantear una pequeña construcción a nivel del territorio a partir del nombramiento de delegados.
Entre la confirmación de la salida de Mara y de la llegada de Correa hubo espacio para operaciones. El nombre de Omar Plaini sonó como Ministeriable pero se cayó rápidamente. Cerca del senador platense desestimaron que hubiera existido interés. ¿Por cuenta de quién corrió entonces la versión? Muchos miran de reojo a Roberto Baradel, quien, a pesar de fungir dentro de la CTA, cobraba de rebote a partir del ingreso de su pareja, Lorena Riesgo, senadora suplente, detrás de Plaini.
Infraestructura, ¿la próxima salida?
Se espera que el próximo movimiento tenga mucha más rosca. El ministro que tiene todos los boletos para salir es Leonardo Nardini, intendente en uso de licencia de Malvinas Argentinas, quien arrastra un fuerte malestar con Axel Kicillof. La relación entre ambos dirigentes es la comidilla de los chats de whatsapp de los intendentes.
Nardini desembarcó en el Gobierno entre las elecciones primarias y las generales del año pasado, bajo la premisa de que le iba a imprimir otro ritmo al trabajo que hasta entonces llevaba a cabo Agustín Simone, hombre de extrema confianza de Axel Kicillof, que mostraba niveles de subejecución presupuestaria alarmantes en el Ministerio de Infraestructura, aunque, justo es decir, debió gestionar con su inexperiencia a cuestas pero además atravesando una pandemia.
La llegada de Nardini venía a saldar ese déficit pero no parece haberlo logrado. Una fuente señaló a INFOCIELO que el nivel de ejecución del presupuesto transcurrfidas dos terceras partes del año es inferior al 30 por ciento. En el Ministerio juran que llevan gastada casi la mitad de los fondos asignados. Como los números publicados no están actualizados, no hay manera de confirmar una u otra versión.
El Gobernador, que siempre desconfió de la probidad y de la honestidad de los intendentes, audita cada peso que sale de las arcas del Ministerio y pone a Nardini en una situación de suma incomodidad. ¿Llegará a cumplir un año al frente del Ministerio? Muchos lo ponen en duda, pero en Infraestructura no: “vamos a acompañar al Gobernador hasta el 10 de diciembre de 2023”, afirman. Si lo que se busca es una salida elegante, hay una parada intermedia a la hora de armar las listas. Será en aproximadamente 10 meses.
Es posible que tengan razón. Es de conocimiento público que los intendentes desembarcaron en el Gabinete provincial por la intercesión de Cristina Kirchner. Hoy, gracias al cuestionable accionar de la Justicia, la Vicepresidenta alineó a todas las tribus del Frente de Todos. ¿Se arriesgará a dinamitar la confianza de actores territoriales de peso por una cuestión de convivencia en La Plata?
Como todos los intendentes, el de Malvinas Argentinas tiene plan b. Nardini trabaja en la capital bonaerense pero no descuida ni un segundo lo que pasa en su distrito, que quedó a cargo de Noelia Correa, cuya gestión está literalmente intervenida a muchos niveles. Algunos ejemplos: la intendenta no tiene foto institucional propia en solitario: su jefe político le respira en la nuca en cada acto institucional que valga la pena publicitar.
Hay que decir que el caso de Nardini en Malvinas Argentinas no es el único. A algunos interinos, sus jefes les auditan cada tuit, les prohíben las apariciones mediáticas y los obligan a aclarar que el sillón en el que se apoltronan es prestado. Ninguna novedad entre barones acostumbrados a plotear su nombre en zapatillas y patrulleros.
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