La defensa de la soberanía de las Islas Malvinas que Javier Milei buscó instalar en la agenda pública quedó nuevamente bajo cuestionamiento. Esta vez, por una decisión concreta de su diplomacia: la Argentina se abstuvo en las Naciones Unidas ante un proyecto para erradicar el colonialismo en todas sus formas. La postura despertó fuertes críticas del gobierno bonaerense y volvió a poner en discusión hasta dónde llega el compromiso de la Casa Rosada con la causa Malvinas cuando entra en juego su alineamiento con Estados Unidos.
La votación tuvo lugar en la Cuarta Comisión de la Asamblea General de la ONU, dedicada a cuestiones políticas especiales y de descolonización. La iniciativa, impulsada por Rusia, buscaba reafirmar la Resolución 1514, aprobada en 1960, que establece los principios para poner fin al colonialismo y rechaza los intentos de quebrantar la integridad territorial de los países.
El proyecto fue aprobado con 85 votos a favor, 49 en contra y 23 abstenciones. Brasil, Uruguay, México, Sudáfrica y la India estuvieron entre los países que lo respaldaron, mientras que la Argentina optó por no acompañarlo, en sintonía con Estados Unidos y otros gobiernos de la región alineados con Washington.

La decisión expone una contradicción difícil de disimular. La Cuestión Malvinas forma parte de la agenda de descolonización de las Naciones Unidas y el marco jurídico que respalda el reclamo argentino está estrechamente vinculado con los principios que la resolución busca reafirmar.
El discurso malvinero y el alineamiento con Trump
La abstención cobra mayor relevancia por el contraste con las palabras que Milei pronunció ante la Asamblea General de la ONU en septiembre. En aquella intervención, el Presidente reclamó la erradicación del colonialismo en Malvinas y sostuvo que el principio de libre determinación debe servir para liberar a los pueblos colonizados, no para legitimar situaciones originadas en la colonización.
Sin embargo, semanas después, la diplomacia argentina evitó respaldar una iniciativa contra las distintas formas de dominación colonial. La distancia entre el discurso presidencial y la conducta del Gobierno reaviva los interrogantes sobre el alcance real de una reivindicación que la Casa Rosada buscó recuperar en la agenda pública.
No es un detalle menor: la Resolución 1514 constituye uno de los antecedentes centrales de la Resolución 2065, aprobada en 1965, que reconoce la disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido por las islas e insta a ambos países a negociar una solución pacífica.
La postura también vuelve a poner bajo la lupa las contradicciones de Milei, quien manifestó reiteradamente su admiración por Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la guerra de 1982. En ese contexto, la renovada visibilidad de la causa Malvinas queda atravesada por una pregunta incómoda: si responde a una convicción sostenida o a una estrategia de posicionamiento político.
La respuesta de Bianco: “Una diplomacia que no esté de rodillas”
Desde el gobierno bonaerense, el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, fue uno de los primeros en cuestionar la postura argentina y vinculó la abstención con la intención de no incomodar a Washington.
“La Argentina no apoyó en la ONU una resolución contra el colonialismo en todas sus formas para no enojar a Trump”, sostuvo el funcionario, quien recordó que de la Resolución 1514 se desprende el marco que dio lugar al reconocimiento internacional de la disputa de soberanía por Malvinas.
“La Cuestión Malvinas merece una diplomacia que no esté de rodillas. Abstenerse frente al colonialismo no es solo un papelón. Constituye un acto de irresponsabilidad”, expresó Bianco. Y concluyó: “La Cuestión Malvinas debe volver a ser definida por los argentinos. Y volverá a serlo”.
La respuesta de la Cancillería llegó a través de su titular, Pablo Quirno, quien cruzó al ministro bonaerense en la red social X: “No puede manejar una provincia, mirá si va a entender de política internacional”. Sin embargo, no desarrolló allí una explicación sobre los motivos de la abstención ni sobre su compatibilidad con el reclamo argentino.
La controversia deja una nueva disputa entre la Nación y la Provincia, pero también un interrogante que excede la interna política: si la defensa de Malvinas constituye una prioridad efectiva para Milei o si queda relegada cuando entra en conflicto con su estrategia de alineamiento con Estados Unidos.


