La elección presidencial en Brasil configuró un mapa político de resistencia democrática frente al avance de los discursos de confrontación y la ultraderecha en la región. En un balotaje marcado por la tensión extrema, la intervención de plataformas digitales y campañas de hostigamiento sistemático, el retorno de Luiz Inácio Lula da Silva al Palacio del Planalto dejó lecturas y enseñanzas directas para la reorganización del campo popular y el peronismo en la Argentina.
Para seguir de cerca el desarrollo de los comicios y respaldar al Partido de los Trabajadores (PT), una delegación de legisladores argentinos viajó como veedores electorales. Entre ellos estuvo el politólogo y dirigente de Unión por la Patria, Sebastián Galmarini, quien en diálogo con LA CIELO 103.5 durante el programa Palabras Más Palabras Menos desmenuzó las razones que permitieron dar vuelta el resultado de la primera vuelta, destacó la templanza discursiva frente al asedio algorítmico y analizó los desafíos comunes frente al experimento libertario de Javier Milei.
La ampliación en la polarización: captar ausentes y terceras fuerzas
Al analizar la ingeniería electoral del PT, Galmarini remarcó que el principal mérito de Lula radicó en su capacidad para perforar el techo de la primera vuelta en un escenario de altísima polarización. Lejos de replegarse sobre el voto propio o radicalizar el tono, la estrategia consistió en incorporar a los sectores desencantados y a los votantes de terceras alternativas.
“A pesar de ser Lula un presidente que tiene 80 años, que es su cuarto mandato y que lleva siete campañas presidenciales, lograron ampliar el debate, incorporar a los ausentes, a los que votaron a terceros o cuartos partidos y a los indecisos en una segunda vuelta con un grado de polarización como el que se está viendo en todo el mundo y en la región”. Para el dirigente peronista, esa vocación de sumar a quienes no estaban convencidos inicialmente fue la llave para revertir la elección y constituye una lección indispensable para cualquier fuerza popular que aspire a ganar mayorías.
Una “pieza de estudio”: gobernar para el 100% y desarmar el odio
Otro de los pilares destacados por el politólogo fue el tono político adoptado tras consumarse la victoria. Galmarini catalogó las palabras de Lula como una auténtica “pieza de estudio” por su templanza frente a los ataques y su negativa a alimentar revanchas.
“A pesar de la intervención directa de los dueños de las plataformas sobre la campaña electoral, la suspensión de cuentas y demás, el propio presidente Lula dijo: ‘Miren que yo ahora gané y tengo que gobernar para el 100% de los brasileños'”. A su vez, subrayó el compromiso asumido por el mandatario electo para combatir la desinformación: “Hizo una mención muy importante a estos procesos de fake news, de violencia, de agresión verbal y de mentira sistemática, planteando con toda claridad que es un debate que lo va a tener muy presente en los próximos 4 años de gobierno”.
En contraste con las lógicas de confrontación permanente, Galmarini valoró la mesura del líder del PT como un modelo a recuperar: “Muestra que a pesar de ese nivel de polarización, de los algoritmos y de las plataformas, se puede ser un tipo sabio y con templanza para salir de esa dinámica que parecería ser blanco y negro todo el día de ‘vos me agredís, yo te agredo; vos mentís o yo miento'”.
El espejo de la Argentina de Milei y la advertencia electoral
Consultado sobre la proyección del escenario brasileño hacia la política doméstica, Galmarini advirtió que lo ocurrido en el país vecino aporta múltiples claves para ponerle un freno a la violencia discursiva en la Argentina. Incluso reveló que la crisis socioeconómica argentina funcionó como un contraejemplo explícito durante la campaña del PT.
“El propio Lula en la campaña sistemáticamente decía: ‘Si gana Bolsonaro en Brasil va a ocurrir en este país lo que está pasando en la Argentina'”. Según el politólogo, el electorado brasileño tomó nota de esa advertencia ante el temor de replicar un esquema de confrontación social y ajuste: “Evidentemente el brasileño promedio, más allá de que la derecha obtuvo un buen respaldo, no quiere lo que muestra la Argentina en la región”.
Frente a esa realidad, Galmarini sostuvo que el peronismo debe asimilar la experiencia brasileña para construir alternativas sólidas: “Hay múltiples miradas que son trasladables a lo que nos está pasando a nosotros en la Argentina con el gobierno de Milei y con la necesidad de todos nosotros de ponerle un freno a determinado nivel de locura”.
La diplomacia de la agresión y el perjuicio a los intereses nacionales
Por último, el dirigente de Unión por la Patria cuestionó con dureza el manejo de las relaciones exteriores por parte del gobierno libertario, marcando el aislamiento diplomático que supuso no felicitar formalmente a Lula mientras mandatarios de centro-derecha de toda la región sí lo hacían.
“Nosotros llegamos al punto de que el presidente de nuestro país vino a Brasil a agredir al presidente, a su gobierno y a los electores que lo acompañaron”. Galmarini enfatizó que esa conducta rompe con las tradiciones históricas del Estado argentino y compromete la economía del país: “No lo pienso solamente en términos políticos y en el principio de no intervención en asuntos de otros países, sino además en defensa de los propios intereses de los argentinos”.
En esa línea, recordó el peso estructural que tiene el país vecino: “Brasil no solamente es nuestro principal socio comercial, sino que es una de las economías más potentes del mundo y una referencia de cara al futuro inmediato”. Y concluyó: “Negar esa realidad y alimentar una ola de violencia, de bronca y de odio no te conduce a ningún lado; le hace mal a nuestro país y le hace mal a los argentinos”.


