La histórica fábrica de neumáticos Fate anunció su cese definitivo y el despido de 920 trabajadores que se desempeñaban en sus instalaciones en el partido de San Fernando, provincia de Buenos Aires.
La apertura de importaciones -especialmente desde China-, la disparada de los costos de producción y un dilatado conflicto sindical fueron las razones aducidas por el dueño de la empresa, Javier Madanes Quintanilla, uno de los más acaudalados del país.
El cierre fue consierado la “crónica de una muerte anunciada”. Los últimos datos del INDEC señalaban que en el sector el uso de la capacidad instalada llegaba apenas al 30 por ciento; es decir que siete de cada diez máquinas o líneas de producción estaban apagadas.

“Nos enteramos por un cartel”, declararon los operarios esta mañana a distintos medios de prensa. En efecto, un letrero instalado en la puerta de la planta informaba sobre el cese. “Nos vemos obligados a extinguir todos los contratos de trabajo. Las indemnizaciones de ley y haberes pendientes se depositarán dentro del plazo legal”, comunicó el directorio.
Se terminan 80 años de industria
El establecimiento forma parte del núcleo histórico del sector del neumático, que tuvo su primer gran hito con la llegada de Bridgestone en 1932 y que llegó a consolidar un ecosistema productivo robusto en torno a la industria automotriz, la metalmecánica y los servicios logísticos. El apagado de una planta de este tamaño implica no solo los despidos directos, sino también un efecto arrastre sobre proveedores, talleres, transportistas y comercios.
La salida de Goodyear en 1999 aparece como antecedente de un mercado que, en ciclos recesivos, pierde capacidad instalada que luego no se recupera. A esto se suma la tensión interna de la cadena productiva. La industria del neumático tuvo períodos de fuerte inversión cuando el mercado era estable y con protección administrada: las empresas desembolsaron más de 200 millones de dólares por planta, ampliaron líneas y elevaron la dotación, especialmente en ciclos expansivos. Ese proceso encuentra su contracara en la actualidad.
Apuntan a la empresa y a los sindicatos
El ex secretario general del SUTNA y ex presidente de Astillero Río Santiago, Pedro Wasiejko, hoy al frente de la FETIA-CTAT, atribuyó el cierre a una “política antiindustrial” del gobierno nacional encabezado por Javier Milei, a decisiones empresarias del titular del grupo, Javier Madanes, y a la conducción sindical actual liderada por Alejandro Crespo.
Según Wasiejko, la combinación de apertura indiscriminada de importaciones, desplome del consumo, paralización del sector automotor y ausencia de políticas de defensa productiva “hizo inevitable un desenlace anunciado”. También señaló que el conflicto gremial de 2022 deterioró contratos de exportación clave, dejando a las plantas dependientes del mercado interno hoy paralizado.
Planteó que la empresa optó por priorizar resultados financieros sobre la continuidad productiva y que el sindicato perdió capacidad de negociación y conducción estratégica en un momento crítico. En su análisis, el cierre de Fate no es un hecho aislado sino parte de una “tormenta perfecta” que también golpea a las industrias química, automotriz y metalmecánica.
Wasiejko advirtió que la pérdida de esta planta puede marcar un punto de no retorno: “Cuando una industria se va, no vuelve”. Y reclamó una reacción coordinada entre Estado, empresas y gremio para evitar que el neumático deje de existir como sector productivo en la Argentina.

