En los estudios de INFOCIELO PLAY Nathalie Collomb sonríe frente al micrófono, dando inicio a un viaje íntimo y evocador en el tiempo y el espacio.
Nathalie es oriunda de Brindas, un pequeño pueblo francés cuyo nombre suena “como el verbo brindar, pero con el tú”. Su llegada a la Argentina, sin embargo, se gestó lejos de las tierras galas, bajo el sol y el ritmo del noreste brasileño. “Llegué a los 24 acá porque encontré un argentino en Olinda”, relata con frescura, rememorando aquel encuentro magnético “durante el carnaval de Olinda, en Brasil, que es muy lindo, un carnaval de calle”. Aquella chispa la llevó a cruzar el océano “fui, vine a tocarle el timbre, me enamoré”, recuerda Collomb.
Su llegada a la Argentina
Desembarcó en Argentina en abril de 1991, en una época que hoy evoca con humor político, “gobernaba un señor de patillas que se parecía bastante al que está ahora”, le explica Nathalie a Adrián Belinche.
Tras un año y medio en el país, regresó a Francia, donde en 1993 se casó con aquel mismo amor que conoció en Brasil. Allí dividió sus horas con un esfuerzo admirable, “estudié para ser profesora de francés, trabajaba de noche como enfermera y estudiaba”. Tras el nacimiento de su primera hija, la familia decidió el retorno definitivo a fines de 1996, acumulando ya “30 años de residencia” ininterrumpida en el país.
Del ritual en casa a contar cuentos para ayudar a la rehabilitación
La vocación de narrar no nació en los libros académicos, sino al pie de la cama de sus hijos. “Me hice narradora gracias a mis hijos, todas las noches era el ritual del cuento y a un momento dado, cuando ya no me necesitaron, yo estaba en abstinencia”, confiesa Nathalie sobre esa necesidad vital de seguir transmitiendo historias.
Aquel despliegue nocturno contrastaba graciosamente con los relatos de su propia infancia, cuando le pedía cuentos a su padre, “¿sabés cuál me contaba? ‘Había una vez un lobo. Y un día el lobo se fue‘… eso era todo, se había acabado el cuento, bueno a dormir'”.
La Plata su lugar
Aunque sus raíces francesas siguen vivas, Nathalie se define de un modo particular, “yo digo que soy franco-platense”. Siente que pertenece a “un poco de todos lados”, conviviendo con el aprendizaje diario de códigos culturales locales, o añorando el sabor de los “Carambar” franceses, esos tradicionales caramelos “tipo Palitos de la Selva” que a veces trae para convidar a los chicos de la escuela donde trabaja.
La Plata, con su arquitectura que por momentos evoca a París, la atrapó de manera definitiva. Aunque ya no está en pareja con aquel argentino que la trajo a la ciudad, ambos “siguen caminando estas veredas rotas pero lindas” como le sugirió Belinche.
Para Nathalie, la capital bonaerense posee un magnetismo único, “La Plata es impresionante porque es como una tela de araña, vos llegas acá y estás atrapado, tiene algo mágico, algo de la masonería en el trazado”.
Es una ciudad regida por una intensa dualidad, “hay una especie de relación amor-odio también entre los propios platenses, que la amamos desesperadamente pero también la odiamos desesperadamente de ratos”, asiente Nathalie, agregando que los nacidos y criados “la sufren” a veces a la ciudad.
Y añade con picardía, ante las preguntas sobre si alguna vez piensa en volverse, “el Interpol todavía me sigue buscando en el sur de Francia, pero no saben que ando por estas tierras”.
El arte como acompañamiento y salud
Hoy, esa magia que Nathalie respira en La Plata se traduce en una labor profundamente humana en los pasillos de los hospitales locales, a través del área de Arte y Salud. Allí, junto a una red de médicos, enfermeros y trabajadores sociales, recorre las salas con un inventario de ilusiones. “Vamos entonces por los pasillos, tenemos un carrito un compañero nos armó un carrito… cuando nos armó eso, lo que aquí llaman changuito, lleno de cosas”. En ese “chango” viajan libros, la calimba y un tesoro muy especial: una caja repleta de saquitos de té.
Esta iniciativa, bautizada como “Te cuento” —creación de la reconocida narradora Norma Escudero—, consiste en ofrecer a los pacientes un saquito de té que esconde un poema en su interior. En el estudio de INFOCIELO PLAY, recreando el ritual de los hospitales, Nathalie lee con suavidad uno de ellos para cerrar la tarde.
“La flor de loto y la rana, llueve llueve moja, cuidan al caimán, llora llora miente, pero la flor de loto elegantemente protege la rana, llueve llueve moja la flor de loto”, cuenta Nathalie. Es un instante de pausa y ternura, un susurro que transforma las veredas rotas, las vidas sufridas de los más chiquitos, y las salas de espera, en un refugio de palabras, música y cultura.

