El primer cara a cara, aunque mediado por una pantalla, fue devastador. Después de años sin verlo, la familia de Magalí Vera volvió a encontrarse con Javier Cerfoglio, el hombre acusado de haberla asesinado en diciembre de 2024 en Necochea. La escena, cargada de tensión y dolor, marcó el inicio del juicio oral.
Desde la Alcaidía Penal N° 44 de Batán, el imputado siguió la audiencia por videollamada. Del otro lado, los padres de la joven lo observaron en silencio, atravesados por una mezcla de bronca, incredulidad y una certeza que los persigue desde el crimen: durante más de una década convivieron con quien hoy señalan como el responsable de la muerte de su hija.
“Es una escoria”, lanzó sin rodeos Felipe Vera. Su esposa, Stella Maris Gómez, fue igual de contundente: “El que yo conocí dejó de existir el día que mató a Magalí”.
El debate comenzó a las 9.22 en el Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de Necochea, bajo la conducción de la jueza Luciana Irigoyen Testa. La acusación está a cargo del fiscal Marcos Bendersky, quien sostiene que se trató de un femicidio agravado.
Necochea: dijo que tuvieron un accidente pero fue un femicidio

Pero el momento más crudo de la jornada llegó con el testimonio de Melina Vera, hermana de la víctima. Su relato expuso una trama de control, manipulación y violencia sostenida en el tiempo.
“Ella no podía hacer nada sin que él lo autorizara”, aseguró. Según describió, Cerfoglio ejercía un dominio constante sobre la vida cotidiana de Magalí: cuestionaba desde sus salidas hasta su forma de organizar la casa. “La desgastaba por todo. Era una presión permanente”, reconstruyó.
La relación ya estaba rota semanas antes del crimen. Habían estado separados, pero, de acuerdo al testimonio, él no aceptaba la distancia. “Se volvió obsesivo. Le pedí que la dejara respirar”, recordó Melina.
La tensión en la sala fue en aumento hasta que, cerca del mediodía, el acusado pidió retirarse de la audiencia. Antes de desconectarse, lanzó una frase breve: “Hay muchas mentiras”.
La reacción fue inmediata. “Te vas a morir ahí adentro, misógino”, le gritó la hermana de la víctima, quebrando cualquier formalidad judicial.

Para la fiscalía, lo ocurrido la madrugada del 1° de diciembre no deja lugar a dudas. Magalí había asistido a un casamiento para entregar una torta. Según la acusación, una discusión obligó a la pareja a retirarse en medio de una tormenta.
Un llamado al 911 alertó sobre una escena de violencia en la vía pública: un hombre golpeando a una mujer. Las cámaras de seguridad registraron parte de esa secuencia. Luego, el trayecto final: el auto en el que viajaban avanzando a alta velocidad hacia el Río Quequén.
El vehículo terminó dentro del agua. Magalí murió por asfixia por sumersión y presentaba lesiones compatibles con golpes previos.
Con estos elementos, el Ministerio Público sostiene que Cerfoglio la atacó, la persiguió y finalmente la dejó morir. La calificación es femicidio agravado por ensañamiento, un delito que prevé una única pena posible: prisión perpetua.

