Cuando Fernando Muslera llegó a Estudiantes nadie puso resistencia. Era sabido que Matías Mansilla no entregaba la seguridad que supo tener y el cambio resultaba inevitable si el equipo quería pelear cosas importantes.
Ahora bien, ¿los hinchas imaginaban un rendimiento así de Muslera? Si bien es cierto que el arquero tenía mucho recorrido internacional, sus casi 40 años y su regreso al futbol sudamericano después de tantos años dejaban una pequeña hendija para esperar un tiempo antes de calificar su incorporación.
Hoy, con el diario del lunes, su llegada fue un enorme acierto. Ganador, líder y seguro. Interviene lo justo y necesario y cuando lo hace se destaca. Justamente como en la noche de Paraguay, donde tuvo un par de jugadas claves para mantener el cero en el arco propio.
La primera de ellas fue en un cabezazo tremendo que Morel le gana (con llamativa tranquilidad) a Eric Meza y él, con una mano y a corta distancia, logra sacar al córner. La segunda un mano a mano milimétrico contra Iturbe, al que le pellizca la pelota evitando el penal de manera fenomenal.
El uruguayo, con apenas un puñado de partidos, le ha dado una solución mayúscula al equipo en una posición neurálgica. La confianza que tiene le brinda seguridad a sus compañeros, que edifican una defensa a la que no le llegan tanto y empieza a ser importante para pelear por grandes cosas.

