La tarde del 19 de febrero de 2026 no fue una más en el Country de Estudiantes. Mientras los socios compartían los últimos mates de la tarde en las instalaciones de City Bell, en otro sector el clima era denso. La confirmación de la salida de Eduardo Domínguez hacia Atlético Mineiro cayó como un baldazo en el plantel, que recién a última hora del día tuvo el esperado cara a cara con su entrenador.
La mayoría de los futbolistas se enteró por redes sociales o por los medios. Ninguno recibió el aviso previo del deté, un detalle que en el mundo del fútbol suele pesar. Más aún teniendo en cuenta la relación cercana que Domínguez construyó con el grupo a lo largo de casi tres años, con títulos y momentos fuertes compartidos.

Una charla con explicaciones y un objetivo claro
Pasadas las 18, el técnico reunió al plantel y tomó la palabra. Fue un mensaje breve pero cargado de contenido. Agradeció uno por uno el compromiso y el respaldo que le dieron desde su llegada y reconoció que sin ese respaldo jamás hubiera aparecido la oportunidad de dirigir al Galo.
Domínguez fue claro: considera este paso como un trampolín necesario para cumplir su gran meta, desembarcar en el fútbol europeo. No lo escondió. Explicó que la propuesta lo seduce desde lo profesional y que entiende que es el momento de dar el salto.

También intentó bajar un mensaje institucional: “Lo importante acá son los jugadores y el club”, dejó como frase fuerte ante el grupo, marcando que los entrenadores son circunstanciales y que la estructura debe estar por encima de los nombres propios.
No hubo demasiado tiempo para más. La preparación del próximo compromiso apremiaba y la despedida continuó en la concentración. Ahora, todas las miradas apuntan a lo que ocurra en UNO, donde el equipo saldrá a la cancha todavía bajo el impacto de una salida que ya es parte de la historia reciente del Pincha.

