Estudiantes se midió ante San Lorenzo con la ilusión de sumar de a tres, superar los 30 puntos en el torneo y seguir sumando para clasificar a la Copa Sudamericana, uno de los objetivos en el cierre del año.
Pro nada de esto sucedió. Primero por la apatía con la que jugó. Segundo porque fue perjudicado por la terna arbitral. Tercero porque no tuvo fuerzas para revertir la ventaja. Y cuarto porque se dejó vencer en la adversidad y así terminó goleado.
En la cabeza de los jugadores y del cuerpo técnico quedará la jugada, en el comienzo del segundo tiempo, cuando Leandro Desábato va abajo y toca a un adversario. Pompei marca tiro libre, pero a instancias del línea, revierte la decisión y pita penal.
Ortigoza no falló y San Lorenzo cambió el destino de un partido que lo tenía, al local buscando y manejando la pelota y al visitante buscando dar un golpe de contra. Esos 50 minutos del partido estuvieron de más. Las acciones y emociones llegaron en los 40 minutos restantes.
Estudiantes nunca se repuso. La cabeza se le fue y dejó en evidencia sus falencias. Así fue como Matos primero, luego Ortigoza, nuevamente de penal, y Buffarini con un tiro libre, lo terminaron de matar.
Fuera de sintonía. Sin juego colectivo. Con individualidades que se los nota más pensando en las vacaciones que en el torneo, el Pincha no mostró juego, no tuvo ideas y se vuelve a la ciudad con la cabeza gacha y la vergüenza de una goleada que lo obliga a despedirse cambiando la imagen en una semana.