La NBA vivió una de sus clásicas noches de Draft, cargada de nervios, emoción y mucha expectativa por las diferentes franquicias del mejor básquet del mundo, las cuales seleccionaron talentos jóvenes para sumar a sus plantillas. Y más allá de la primera elección, que quedó en manos de Orlando Magic, quienes optaron por el descendiente de italianos Paolo Banchero, la nota la dieron Los Angeles Lakers.
Y es que sin posibilidad de seleccionar en primera ronda por haber hecho acuerdos en traspasos previos, quienes actualmente cuentan con LeBron James como su máxima figura se aseguraron a Scottie Pippen Jr., hijo del ladero de Michael Jordan en los históricos Chicago Bulls, y a Shareef O´Neal, hijo de Shaquille, y campeón con Lakers a principios en las temporadas 2000, 2001 y 2002.
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Pippen tiene 21 años y mide 1,85, algo que podría jugarle en contra, ya que los armadores de su tamaño tienen muchos problemas defensivos en la máxima exigencia del básquet mundial. Su tiro de tres puntos es algo a corregir: 34,3%. Pese a esas contrariedades, es un base con gran capacidad anotadora: promedió más de 20 puntos en sus dos últimas tres temporadas universitarias. Y en la última aportó también 4,3 asistencias.
Shareef O’Neal, de 22 años, se comprometió con los Lakers para jugar la Summer League. Usará la misma camiseta con la que se convirtió en leyenda su padre, Shaquille, pero los parecidos no van mucho más allá. Lejos del dominio interior del “34”, Shareef es un ala-pivot/pívot de 2,11 sin demasiado potencial, y que ha reconocido que tener discusiones con el interno integrante del Salón de la Fama porque él quería que siguiera en la universidad.
Lo cierto es que ambos ya llamaron la atención por ser portadores de apellidos fuertes en el mejor básquet del mundo. Ahora será cuestión de ellos soportar una presión que muy probablemente los acompañará durante toda su carrera profesional.





