La vuelta de Lionel Messi a la Argentina siempre genera expectativa, aunque esta vez fue diferente. El capitán llegó en las primeras horas del martes y tuvo un arribo tranquilo, sin el habitual recibimiento masivo de los hinchas, en gran parte por el horario y el día de reflexión que se vive en el país al cumplirse 50 años del inicio del último Golpe de Estado.
El rosarino aterrizó en el aeropuerto internacional de Ezeiza y, sin demoras, se dirigió directamente al predio de la AFA para sumarse a la concentración del seleccionado argentino, que se prepara para una nueva doble fecha de amistosos.
Allí lo espera el cuerpo técnico encabezado por Lionel Scaloni y un grupo que comenzará a completarse con el correr de las horas. Serán días de trabajo clave pensando en los próximos compromisos, en un calendario que empieza a perfilar lo que será el camino hacia el Mundial.
Messi llega con ritmo de competencia tras su participación en el Inter Miami y volverá a ponerse la celeste y blanca en el país. Su presencia, aún sin multitudes ni estruendo, vuelve a marcar el pulso de la Selección y renueva la atención en cada movimiento del equipo.
Porque incluso en silencio, cuando Messi pisa suelo argentino, todo empieza a girar en torno a él.

