Cincuenta años han pasado desde que la Argentina inició la etapa más oscura de su historia: la dictadura militar que comenzó el 24 de marzo de 1976 y que se llevó vidas, historias, familias. El deporte no ha estado exento de las atrocidades de la Junta que gobernó al país hasta 1983. Y La Plata sufrió fuertemente el impacto de aquella época siniestra.
Dentro de los 220 deportistas desaparecidos durante la última dictadura. De diferentes disciplinas. Varios, ilustres: entre los 13 ajedrecistas desaparecidos que fueron arrebatados de sus hogares estuvo Rodolfo Walsh, socio de Estudiantes, investigador, periodista y autor de la Carta Abierta a la Junta Militar que derivó en su detención ilegal. Su legado permanece inquebrantable como los recuerdos de sus movimientos excelsos sobre los tableros platenses.

El rugby de La Plata también transita horas de recuerdos y homenajes: veinte de los 152 rugbiers desaparecidos formaban parte de La Plata Rugby. Hernán Rocca, Pablo Del Rivero, Hugo Lavalle, Abigail Attademo, Eduardo Navajas, Abel Vigo, Eduardo Merbilhaá, Marcelo Bettini, Alfredo Reboredo, Mario Mercader, Jorge Moura, Rodolfo Axat, Luis Munitis, Alejandro Martegani, Otilio Pascua, Pablo Balut, Santiago Sánchez Viamonte, Enrique Sierra, Mariano Montequín y Julio Álvarez.
La historia, contada al detalle en la obra Los Silenciados de Claudio Fava, narra que las víctimas iban desde los 20 hasta los 31 años. Cinco de ellos formaban parte del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), cuatro estaban vinculados al Partido Comunista Marxista Leninista (PCML), mientras que los demás tenían participación militante en organizaciones como la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), la JUP (Juventud Universitaria Peronista) y Montoneros.
Otras instituciones deportivas de La Plata y el área metropolitana bonaerense también sufrieron desapariciones forzadas. Entre ellas Porteño, Los Tilos, el Club Atlético Reforzado (CAR) y equipos de Berisso y Ensenada. Entre los casos más representativos aparece el de Alejandro Martín, rugbier de Porteño e hijo de Tati Almeida, histórica integrante de Madres de Plaza de Mayo.

Pero el fútbol argentino también sufrió pérdidas irreparables. Antonio Enrique Piovoso fue uno de esos nombres que el tiempo no debería borrar de la memoria del fútbol platense. Arquero surgido de las divisiones juveniles de Estudiantes, cruzó de vereda en 1973 para defender el arco de Gimnasia y Esgrima La Plata, donde llegó a disputar tres partidos en Primera División, en un plantel en el que era alternativa de Hugo Orlando Gatti.
Su carrera también incluyó pasos por clubes del interior bonaerense, en una trayectoria breve pero marcada por la pasión por el fútbol.
Nacido en La Plata en 1953 y estudiante de Arquitectura en la UNLP, el “Tano”, como lo apodaban, combinaba su vida deportiva con el estudio y el trabajo como dibujante en un estudio de arquitectura del centro platense.

Piovoso fue secuestrado por un grupo de tareas de la última dictadura militar mientras trabajaba en La Plata. Tenía apenas 24 años y su caso quedó registrado como el único de un futbolista que llegó a jugar en la Primera División argentina y fue víctima del terrorismo de Estado.

