La ausencia de Martín Fernández fue una de las noticias relevantes que tuvo la visita de Gimnasia en el Libertadores de América. El uruguayo se perfilaba como el volante central del equipo, pero no pudo estar de arranque ante Independiente y el equipo extrañó su juego.
El rumor de su ausencia comenzó a transformarse en noticia en las primeras horas de la tarde y recién cuando el plantel llegó al estadio fue informada oficialmente. El jugador presentó, de acuerdo a la información extraoficial por que el club casi que no informa acerca de los lesionados y le prohibió a los médicos hablar con la prensa, una molestia en la espalda que no le permitió jugar frente al Rojo.
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Recién pudo jugar los últimos 20 minutos de partido cuando el equipo lo necesitaba. En principio, de su evolución dependerá si podrá estar o no de entrada en el partido del domingo ante Atlético Tucumán. Su presencia se extraña y el equipo lo precisa para tratar de sumar puntos antes del final del torneo.
Martín Fernández y Norberto Briasco, dos bajas de peso
A la baja de Martín Fernández se sumó la de Norberto Briasco, uno de los refuerzos que contrató Gimnasia para suplir a Benjamín Domínguez.
Esta vez, la determinación de Marcelo Méndez fue de arranque. Contra Newell’s había citado al delantero pero luego lo sacó de la nómina el mismo día del partido. Por eso está claro que esta nueva medida ya no es casual: el DT del Lobo está disconforme con la prestación del armenio. Y no sólo por su bajo nivel futbolístico.
Hay, en este combo, un malestar del entrenador uruguayo que une la cuestión física con otros aspectos que vienen afectando al jugador. Lo físico es esencial, porque Briasco nunca termina de ponerse al 100% y está más tiempo entre algodones que listo para la batalla. Pero a su vez, el delantero está en deuda en otro sentido.
Está claro que Méndez esperaba más de Briasco. Cuando llegó, creyó que era un jugador que iba a darle un salto de jerarquía y que iba a ver en Gimnasia la chance de relanzar su carrera, sobre todo después del flojo paso por Boca, donde últimamente ni siquiera era convocado para jugar.
Sin embargo, Briasco no mostró ni una cosa ni la otra. No marcó la diferencia en la cancha y, desde la actitud, no se lo vio con esa sed de revancha de mostrar que lo de Boca había sido un paso en falso. Salvo en el comienzo, cuando tuvo un arranque que entusiasmó, con un tiro en palo ante Belgrano y el gol a Tigre, después nunca fue el jugador que Gimnasia fue a buscar.


