Hay historias que no terminan. Historias que duelen, que atraviesan generaciones y que encuentran la manera de seguir vivas. A 50 años del golpe de Estado de 1976, que dejó 30.000 desaparecidos, la de Ricardo Dakuyaku vuelve a decir presente desde un lugar tan inesperado como poderoso: el deporte.
“Daku”, “el Japo”. Así lo llamaban. Rugbier del Club San Luis, estudiante, amigo, compañero y fanático de Estudiantes de La Plata. De esos hinchas que sienten el club como parte de su identidad, que viajan, que acompañan, que viven cada partido como algo propio. Su vida estaba llena de proyectos, vínculos y pasión. Hasta que la dictadura irrumpió para arrancarlo todo.
El 6 de diciembre de 1977, a los 23 años, fue secuestrado. Nunca más volvió. Pero su historia no quedó en el silencio. Con el paso del tiempo, su nombre empezó a transformarse en algo más. En memoria activa. En bandera. En semilla.

Porque Dakuyaku no es solo una historia individual. Es el reflejo de una generación atravesada por el terrorismo de Estado, de jóvenes que también estaban en una cancha, en un club, en una tribuna. Es la prueba de que el deporte no estuvo al margen de la historia, sino profundamente marcado por ella.
En ese entramado, Estudiantes no mira para otro lado. El club que Dakuyaku amaba también construye memoria. En 2025, a 49 años del golpe y en el marco del aniversario 120 de su fundación, la agrupación Identidad Pincharrata llevó adelante un emotivo homenaje en el Estadio UNO.
Allí fueron recordados hinchas y socios víctimas del terrorismo de Estado, en un acto cargado de simbolismo y pertenencia. Entre ellos, Daniel Omar Favero, jugador de las inferiores; Miguel Ángel Lombardi Montesano, voleibolista; Rodolfo Walsh y Horacio Ungaro, ajedrecistas; y Pablo Díaz, sobreviviente de “La Noche de los Lápices”.
El mensaje fue tan simple como profundo: “Los tablones nunca los olvidarán”. Una frase que une tribuna, memoria y corazón.

A medio siglo del golpe, su nombre y el de tantos otros siguen creciendo. En cada homenaje, en cada historia contada, en cada pibe o piba que escucha quiénes fueron. Porque hay ausencias que se transforman en presencia cuando alguien decide no olvidar. Porque en el deporte, como en la vida, la memoria también se juega. Y Dakuyaku, junto a ellos, sigue estando en la cancha.

