No se sabe exactamente cuándo. Si fue en los empates con Riestra y Sarmiento de local. O si en el clásico. Por las declaraciones en conferencia de prensa, o por cómo se refugió en el segundo tiempo. Por algunas decisiones poco felices, como la de poner a volantear al goleador del equipo. O por sacar del freezer a Briasco en detrimento de Mamini en el partido más importante de su ciclo. Por no poner a Merlini. O por los interminables últimos 30 minutos del partido frente a River; que no hicieron más que desnudar el desconcierto futbolístico, la endeble personalidad del plantel para asimilar tormentas, y marcar el límite de la paciencia del hincha, que harto de ver siempre lo mismo, hasta se llevó puesto a Nacho Fernández. O tal vez (más fácil), en el momento mismo de su designación podía intuirse que para este contexto de Gimnasia al ciclo de Flores le iba a faltar espalda.
Habría que medir con precisión quirúrgica para determinarlo, pero lo cierto es que la realidad te pone en lugares que no se explican: se superan, o te superan. Y es exactamente así como llega Flores al partido ante Vélez, necesitado de una victoria (y sólo una victoria) para seguir con chances de entrar a los playoffs, y no ver finalizado su ciclo ante el equipo de Guillermo.

Mini ciclo en pendiente (descendente)
A los efectos prácticos no tiene mucho sentido, pero vale la pena hacer una pequeña reseña del mini ciclo. El Traductor mostró lo mejor en los primeros tres partidos. Orden en bloque bajo, arco en cero, y una victoria de visitante frente a Atlético Tucumán que hacía mucho que no se conseguía (agosto del 24 frente a Belgrano). Luego el ingreso de Hurtado, que le aportó una inyección de adrenalina que ningún otro jugador del plantel parece poder transmitirle al público. Y una contracción al trabajo que está fuera de discusión.
Nadie cuestiona ni el método, ni el compromiso que Flores y su cuerpo técnico le han volcado a su tarea en Estancia Chica. Enteramente entregados 24×24 al equipo, y hasta según cuentan, muy positivo con sus jugadores ante la derrota, algo que se le criticaba en el mundillo del futbol argentino, por no tener un vínculo más aceitado en las relaciones interpersonales de la convivencia diaria. Y que en este caso, sirven también para diferenciarse de los castigos públicos recurrentes de Marcelo Méndez ante cada traspié. Flores proyecta el futuro con la lógica de quien recién está en proceso de conocimiento del plantel.

Pero los resultados se cortaron, y tal como era previsible, Flores no tiene espalda para tolerar siete partidos sin victorias. Mucho más si el bajón va acompañado de algunas decisiones difíciles de explicar, y de declaraciones fuera de contexto.
Porque si bien es cierto que en el clásico Gimnasia se aferró al resultado como lo hubiera hecho cualquier equipo en el minuto 93, ya con el empate puesto y una vez finalizado el partido, mejor evitar en conferencia de prensa poner el acento en defender la postura adoptada durante todo el ST. Dicho de otro modo, que el empate se haya producido en el final, es más producto de la casualidad que de cuestiones estratégicas.
Mucho más lógico hubiera sido poner al goleador del equipo de 9 y no de volante por derecha, lo que muchas veces lo obligó a defender en la línea de Pintado. O elegir a Mamini, alguien del Club, y no sacar del freezer a Norberto Briasco, que como su apodo de tribuna lo indica se encamina a ser un verdadero “Fiasco” como refuerzo, y que no ha demostrado ningún compromiso para ganarse el privilegio de vivir desde adentro un clásico platense. Hasta seguramente Merlini, a pesar de no estar al cien, hubiera sido más útil para llevar la pelota lejos de Insfrán en los últimos quince minutos.

Pero es historia. Como siempre la realidad se impone. Y ante ella, las herramientas con las que se cuenta son las que orientan las posibilidades de éxito para salir del temporal en el que Gimnasia está inmerso. Es al fin y al cabo una posibilidad. Pero una sola. Ganarle a Vélez. Puede sonar injusto que el ciclo llegue a este punto en apenas diez partidos y dos meses de trabajo, pero el riesgo asumido de traer a un entrenador sin ningún vínculo afectivo con el club, sin más pergaminos que una buena campaña con San Martín de Tucumán en el ascenso, y haber estado cerca de Marcelo Bielsa como traductor primero, y como asistente después, es el de otra apuesta con pocas fichas en el bolsillo.
De apuestas y espaldas
Porque no solamente Flores es una apuesta riesgosa, también lo fue Méndez. Y no es el Traductor el único actor de esta obra al que le faltan tablas. La gestión del fútbol es un fracaso estrepitoso. Marcelo Gauna, el secretario al que le encomendaron el área más importante del club, trajo 36 jugadores en cuatro mercados. Algunos de ellos no jugaron ni un minuto. Llevó al equipo al límite de perder la categoría en un desempate por el descenso con Colón de Santa Fé, y en el único momento en el que la idea de promover jugadores que luego fueron vendidos se cristalizó (Miramón, Lescano, Benjamín Domínguez, Felipe Sánchez…), fue justamente en el mercado en el que Gauna no intervino por que el club estaba inhibido.
Pasaron cuatro entrenadores y ninguna aparición pública. Ninguna entrevista. A Marcelo Gauna no se le conoce la voz. Y por lógica, tampoco su plan. Ni Riquelme, ni Francescoli, se atreven a tanto. Gauna, acostumbrado a su labor de representante de jugadores, se le olvidó que ahora no reporta a sus representados, sino a los socios e hinchas de Gimnasia, a quienes les debería dar una explicación pública de cuál es el horizonte.

Tampoco tienen mucha espalda quienes no se atreven a removerlo de sus funciones pese al reclamo popular en la cancha, y en la asamblea que se desarrolló en el Poli, aquella en donde el repudio fue indisimulable. Mucho menos quienes andan dando vueltas por los escritorios de algunos medios buscando adhesiones mediáticas a una eventual candidatura del oficialismo en noviembre.
Increíblemente Cowen, que camina cada vez más solo, y que le cabe la hombría de dar la cara y nunca esconderse, por obra u omisión, también es responsable de una gestión en el fútbol que lo deja sin espalda ni crédito. Haber sumado recientemente a Mariano Messera es un escudo que no alcanza a tapar tanto desacierto.
El silencio como (mala) estrategia
Los jugadores tampoco ayudan mucho. A veces, es cierto, padecen el contexto. Aquella declaración de Pablo De Blasis en Rosario todavía se recuerda: “Esto que hicieron con Gimnasia no se hace. Tiraron a la parrilla a pibes de 20 años, lo dejaron inhibido, con deudas y sin pretemporada. Esto no es un festejo sino un desahogo”, lanzó con mucho sentido común con el 1-0 caliente, y apuntando a Pellegrino como cabeza responsable de ese trance.
Pero hoy, 16 meses después, salvo alguna aislada excepción, eligen la misma estrategia que el secretario de fútbol. El silencio. No hablan. No dan explicaciones. No se sabe qué piensan. ¿Qué grado de compromiso tienen con la camiseta que defienden? ¿Qué dificultades atraviesan? ¿De qué están hechos?. ¿Quiénes son los referentes? ¿Los dirigentes pueden callarlos? ¿O es la excusa perfecta para no dar la cara? Cada vez más aislados, a los hinchas solo les queda interpretar los mensajes de IG, o imaginar cuáles son las razones de semejante impotencia. Y en la cancha últimamente sólo se salva Insfrán. El mismo héroe de aquel desempate.

Hoy las cuentas todavía le dan a pesar de haber sacado 3 de 21: todos juegan para Gimnasia, menos Gimnasia, que en la otra tabla, la anual, quedó peligrosamente a 4 de Aldosivi.
En este contexto de asfixia futbolística, en el que la gente ya no tolera evasivas ni pretextos, este lunes a la noche frente al Vélez de Guillermo (si, Guillermo en Vélez) el incipiente ciclo de Flores necesita una victoria para mantenerse en el cargo. De lo contrario, la crisis ya no solo será futbolística, sino que podría amenazar también lo institucional. Gimnasia – Platense luego de una derrota con Vélez sería insostenible para los dirigentes que tendrán que moverse rápido, no solo para jugar la última ficha que le de vida al equipo y provoque un giro esperanzador de 180 grados, sino también para que el tramo hacia noviembre no se transforme en un calvario.

