La situación financiera de Botafogo sorprende por donde se la mire. El club brasileño arrastra una deuda total cercana a R$ 1,1 mil millones, lo que equivale aproximadamente a USD 220 millones (tomando un tipo de cambio cercano a 5 reales por dólar). Lo llamativo no es solo la cifra, sino que no se encuentra inhibido, algo que genera ruido en el mundo del fútbol.
En el detalle fino, aparecen deudas con clubes brasileños por varios millones. Los principales acreedores son Santos (R$ 22,29 M / USD 4,46 M) y Grêmio (R$ 20,44 M / USD 4,09 M), seguidos por Ceará (USD 1,06 M) y São Paulo (USD 0,83 M), entre otros montos menores.

Pero el número se dispara cuando se miran los equipos del exterior. Allí lidera Atlanta United de la MLS (R$ 191 M / USD 38,2 M), seguido por Nottingham Forest (USD 23,7 M), Benfica (USD 13,4 M) y Zenit (USD 11,3 M). En esa lista también aparece Vélez Sarsfield, a quien le adeudan R$ 23,64 M (USD 4,73 M).
A su vez, el club mantiene compromisos muy fuertes con bancos e inversores, destacándose GDA Luma Onshore (USD 24,97 M), Oliveira Trust (USD 13,5 M) y los créditos con Macquarie Bank en París y Londres, que juntos superan los USD 22 millones.
Por si fuera poco, también hay deudas con jugadores y entrenadores. Entre los nombres aparece el propio Cristian Medina (USD 0,42 M), además de figuras como Thiago Almada (USD 0,53 M) e incluso entrenadores como Bruno Lage y Renato Paiva.

El dato que más impacta es la dimensión global del pasivo: Botafogo le debe a clubes de todo el mundo, entidades financieras y personal propio. Sin embargo, sigue sin sanciones deportivas visibles, algo que abre interrogantes sobre los mecanismos de control y cumplimiento.
Un caso que, sin dudas, da que hablar en el fútbol sudamericano y mundial.

