¡Vamos, que la celeste y blanca se lleva a todos lados! Franco Colapinto terminó séptimo en Madrid y, antes de bajarse del Alpine, se guardó una más para los argentinos. Esta vez, sin necesidad de pasar a nadie: hizo flamear la bandera nacional en plena pista. Sí, en España, justo después del golpe que significó perder la final del Mundial ante los españoles. Un mimo fierrero para el orgullo futbolero.
La escena tuvo un cómplice. Con la carrera terminada, un comisario deportivo le acercó el trapo y Franco lo agarró para seguir su recorrido con los colores argentinos en la mano. La cámara interna del Alpine registró el momento: ahí iba el pibe de Pilar, todavía arriba del auto, paseando la bandera por el Madring. Postal para guardar.
Después de tanta tensión, de mirar para adelante y controlar los espejos, llegó el ratito de disfrutar. Y Colapinto encontró una manera bien nuestra de hacerlo. Porque una cosa es ver el apellido junto a la banderita en la clasificación y otra, bastante más linda, es verlo llevarla él mismo por el circuito. De puño y letra. Bueno, de puño y acelerador…

El gesto tuvo un sabor especial por el escenario y por el contexto. ¿Pesó lo futbolístico? Con la derrota de la Selección ante España todavía fresca, ver la celeste y blanca flameando en Madrid fue una pequeña alegría para este lado del mapa. El fútbol había dejado bronca; Franco aportó una sonrisa desde el cockpit.
Además, había motivos propios para festejar. El séptimo puesto le permitió llegar a los 26 puntos en la temporada y seguir dándole forma a su mejor año en la Fórmula 1. Una cosecha que acompaña esa imagen final, con el trabajo hecho y un pedacito de Argentina arriba del Alpine.
Franco sumó en la tabla y también se llevó una postal de esas que acercan un deporte de millones.


