A esta altura de los acontecimientos, vale la sentencia: el Cacique Medina lo hizo. ¿Qué? Salvar a Estudiantes de lo que podía ser un derrumbe lógico y natural, por la salida inesperada del DT que estuvo casi tres años en el cargo y que se convirtió, con cinco títulos, en el segundo más ganador de la historia del club. Y todo eso, con el campeonato ya arrancado y el plantel definido. Por eso, el técnico uruguayo lo hizo, en definitiva. Tomó un barco que podía perder su rumbo y no sólo lo mantuvo a flote en altamar, sino que lo llevó rápidamente a destino, al menos en uno de sus principales objetivos.
Los números ayudan a la causa, pero en definitiva, hoy parece más importante lo abstracto que lo comprobable desde las estadísticas. En diez partidos con Medina al mando, Estudiantes ganó seis, empató uno y perdió tres, aunque más allá de la campaña en sí, lo que logró el DT es más que eso: bancó el impacto anímico (en el grupo y en la gente) de la salida de Domínguez, supo meterse en el plantel rápidamente con sus forma de ser y sus métodos, no provocó un cambio abrupto en el camino futbolístico recorrido (aun sin poner el piloto automático, porque su mano ya se nota) y, lo dicho, cumplió con las misiones más inmediatas: posicionar al equipo en el Grupo A de la Copa y clasificarse a los playoffs.
El pasaje anticipado a los octavos del Apertura también hay que contarlo como un plus de su gestión. Porque el Pincha viene de meterse por la ventana en los últimos dos torneos, más allá del desenlace glorioso del Clausura. Y no tener que depender de otros resultados ya es un avance que él mismo construyó desde su debut ante Newell’s y a pesar de las derrotas contra Vélez, Lanús y San Lorenzo que, vale decirlo, fueron todas ajustadas y hasta injustas (en los tres casos su equipo mereció al menos el empate).

Hoy, más allá de que todavía el equipo necesita varios ajustes y de que por momentos luce inestable en su juego, el Pincha goza de buena salud deportiva: sigue sosteniendo una buena solidez respaldada también en el gran nivel de Muslera, gana por peso específico de equipo y suma tres victorias al hilo contando todas las competencias (o cinco en siete partidos), lo cual marca su buen presente. Como fuera, el DT uruguayo, que al principio era mirado de reojo, estuvo a la altura del campeón y del club.
El valor agregado de sus conferencias
Además de lo que generó en el plano futbolístico, y del buen impacto en las entrañas del Country Club de City Bell, las conferencias del Cacique Medina también aportaron un diferencial: un técnico da explicaciones terrenales en los post partidos, siempre cercano de la visión de los hinchas y ajustado al desarrollo de los hechos.

En efecto, sus análisis de partidos van de la mano con lo que se ve y no con esas explicaciones extrañas que suelen dar muchos entrenadores “modernos” sobre el desarrollo del juego y que a veces, en la derrotas, preocupan muchísimo más que el rendimiento o el resultado adverso. Por ahora, en eso, Estudiantes también sumó un técnico sensato en sus palabras, criterioso al declarar y abierto al debate. No es poco, claro que no.

