Emiliano “Dibu” Martínez volvió a ser protagonista en una final, pero esta vez no solo por sus atajadas. En la definición de la Europa League con el Aston Villa, el marplatense sufrió una fractura en el dedo anular de la mano derecha durante la entrada en calor, una situación que encendió todas las alarmas en la Selección Argentina.
El arquero, fiel a su estilo, decidió jugar igual pese al dolor y terminó siendo parte de una nueva consagración en el fútbol europeo. Pero el costo fue alto: la lesión lo deja condicionado en la recta final hacia el Mundial y obliga a un seguimiento médico constante.

En el cuerpo técnico de Lionel Scaloni no hay dudas sobre su lugar: Dibu es el arquero titular indiscutido. Sin embargo, el plan es claro y prudente: nada de exigencias al límite en la previa, cuidados específicos y recuperación progresiva para que llegue en condiciones al debut.
El problema es el contexto. Sin amistosos completos, con poco ritmo competitivo y una lesión reciente, el arquero campeón del mundo aterriza en la cita máxima con menos preparación de la habitual. Aun así, su presencia no está en discusión.

En la Selección lo saben: el Dibu puede jugar disminuido físicamente, pero nunca juega disminuido de personalidad. Y eso, en partidos decisivos, sigue siendo una garantía.
Por ahora, el diagnóstico es claro: está, pero no al 100%. Y en un Mundial, cada detalle cuenta.

