El amor de Guillermo Barros Schelotto por Gimnasia nunca fue tema de debate. El Mellizo siempre dejó en claro ser hincha del Club que lo formó, independientemente de las idas y vueltas que tuvo su carrera como profesional, con un regreso que se dio ya en el final de la misma y dentro de un contexto muy complejo para el Tripero.
Aquel 2011, volvió al fútbol argentino para intentar torcer el destino del equipo y salvarlo del descenso a la B Nacional. Fue referente de ese plantel que finalmente no logró cumplir el objetivo y que vivió, durante todo el proceso, situaciones que oscilaban entre la buena convivencia y la tensión constante. Así lo dejó en claro José Vizcarra, compañero de aquel entonces.

En diálogo con el stream “Hoy hay que ganar”, el Chino recordó un momento particular que se vivió con el Mellizo en plena concentración. Más allá de destacarlo por su profesionalismo, el rosarino repasó una situación que aún tiene muy presente, donde la paciencia de Barros Schelotto y su amor por el Lobo se combinaron para intentar enfocar al grupo.
“Yo comía en la mesa con él, Teté González, el Gato (Sessa). Y siempre se armaban guerras. Estaba el Sapito Encina, que era una máquina de boludear”, comenzó el surgido en Rosario Central. “Y del momento que yo llegué a Gimnasia sabía que había una traidición ahí que era tirarse bolitas de pan. Volaban bolitas, volaban bolitas de pan”, continuó.
“Y un día le cae en el plato una bolita. Nosotros estábamos peleando el descenso ahí. Se levantó, le pegó al plato y lo tiró contra la mesa, lo partió al medio. Con toda la razón. No paraban. Había locos que no paraban de tirar pelotitas de pan. Y gritó: ´la concha de su madre. Nos estamos yendo a la B´. No volaba una mosca“, recordó Vizcarra.
Más allá del temperamento, el exdelantero lo definió al Mellizo, con quien compartió aquel difícil momento en el Lobo. “Un crack con todas las letras. Un loco que jugó prácticamente todos los partidos. El pensó que no iba a poder. Sin embargo, era el primero que llegaba a entrenar. Nunca lo vi en una camilla, nunca se lesionó. Jugó todos los partidos”, repasó. “Y con esa cara que vos los ves que él tiene, así era todo el tiempo. Él te hacía una joda y no sabías si te estaba jodiendo hasta que largaba una muequita, y ahí te reías”, sentenció.


