El arco que da a la popular del Bosque debería llevar su nombre, ya. O, al menos, una placa. Porque Nicolás Barros Schelotto, número 10, hijo del ídolo sagrado, volvió a hacerlo. O casi. Porque ante Aldosivi marcó un gol (casi) olímpico, desde unos centímetros más adentro pero con una comba inatajable para Axel Werner como lo fue para Facundo Cambeses.
Lo hizo de vuelta, el Heredero. A la salida de una pelota parada a los 14 minutos del primer tiempo, NBS cumplió con todo el ritual. Tomó el balón. Lo besó como quien saluda a una novia. Elevó la mirada y ensayó un remate que sobrevoló el área y se coló detrás de Werner, camino al poste derecho, para desatar la algarabía de lunes por la tarde.
Como si hiciera falta una nueva prueba de por qué Fernando Zaniratto le dio la #10 y le encargó la pelota parada aun con Lucas Castro o Ignacio Fernández como posibilidades (Nacho, ausente ante Aldosivi por lesión), Barros Schelotto refrendó con ese bochazo que está a la altura de ese gran desafío de ser el conductor bis de un GELP que se ilusiona con una nueva leyenda.
Porque además de su lectura, su pegada viene dándole alegrías a GELP. Sus dos goles fueron de primera línea. Delicatessen. Y en el Bosque todos lo disfrutan.

