El silencio parece ser oro para los habitantes del barrio porteño de Belgrano, al menos a juzgar por un pasacalle que se volvió viral por pedirle a ‘los trabajadores de la chatarra’ que cumplan sus labores de manera muda, o al menos sin utilizar ningún sistema de megafonía. Una nueva grieta…¿comienza?
En el barrio de Belgrano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la voz del chatarrero que resuena a través de un megáfono propició un debate que trasciende las fronteras del barrio.
“¡COMPRO COMPRO SEÑORA COMPRO HELADERA MUEBLES!”, exclama, interrumpiendo la paz de un área conocida por su clase media y alta, y su significativa importancia comercial y residencial.
BARRIO DE BELGRANO, CASERÓN DE TEJAS…Y SILENCIO
El pasacalle colocado en Ciudad de La Paz y Rivera advierte: “Señor Chatarrero: No utilice megáfono evite multas, vecinos en alerta por una ciudad con menos ruido y más paz”.
La idiosincrasia de Belgrano, con su densidad demográfica de 15,812 habitantes/km² y su perfil urbano, contrasta con la del conurbano y las ciudades del interior de la provincia de Buenos Aires.
En Belgrano, el ruido del megáfono se percibe como una molestia, una infracción a la tranquilidad y un desafío a las normativas contra la contaminación sonora. Los residentes, acostumbrados a un entorno más controlado y menos caótico, demandan un espacio urbano que refleje su estatus y expectativas de calidad de vida.
MIENTRAS TANTO…EN EL CONURBANO BONAERENSE
Contrapuestamente, en el Gran Buenos Aires, donde la expansión urbana nació ya mas despareja y la infraestructura de servicios se desarrolló lentamente, la figura del chatarrero con megáfono es vista bajo una luz diferente.
Aquí, la presencia de vendedores ambulantes y chatarreros es parte de la cultura local, un elemento familiar en la vida cotidiana de las clases populares que construyeron una identidad colectiva en torno a la economía popular y la autoconstrucción. La voz del chatarrero es quizás interpretada como un servicio o una llamada a la solidaridad comunitaria, no una intrusión.
En las ciudades del interior de la provincia, la situación es aún más distinta. Con una población dispersa y una vida más tranquila, los habitantes valoran las tradiciones y la comunicación directa. El uso del megáfono por parte del chatarrero se convierte en un símbolo de la resistencia contra la homogeneización y la pérdida de las costumbres locales. En estos lugares, el chatarrero es defendido y su práctica, lejos de ser vista como una molestia, es considerada parte del patrimonio cultural.
Este contraste en la percepción y tolerancia al ruido revela la diversidad idiosincrática de la ciudad de Buenos Aires y la provincia.
Mientras que en Belgrano se lucha por el silencio, en otras áreas se defiende la tradición. La solución para el chatarrero de Belgrano podría ser la adaptación a las nuevas tecnologías y métodos de comunicación que respeten la tranquilidad del barrio sin sacrificar su medio de vida.
El pasacalle en CABA parece decir que la melodía de anuncios a “Voce forte” en la sinfonía urbana, no es bienvenida dentro de esa deseada armonía porteña.


