La Provincia de Buenos Aires y la Argentina toda, una tierra bendita que es objeto de los peores insultos y las más infundadas acusaciones, hoy se encuentra frente a una paradoja que ni el más mordaz de los humoristas podría haber predicho. ¡Y es que resulta que ahora no solo exportamos talento, fútbol y carne de calidad, sino que también, en una vuelta del destino, ¡estamos involucrados en la importación de delincuentes uruguayos boqueteros!
Mientras en el pasado el expresidente de nuestro país vecino Jorge Batlle nos llamaba “chorros, del primero al último”, parece que del otro lado del Río de la Plata también se ha cultivado un particular tipo de “talento” que decidió hacer turismo criminal en tierras bonaerenses.
¿Quién lo hubiera dicho? Los “ladrones” autóctonos ahora se ven invadidos por sus pares uruguayos que vienen a profesionalizar el arte del boquete.
DEL HUMOR DE LOS ’70 AL CHOREO
Lo que hace décadas venía a realizar la troupe humorística más valorada del Río de La Plata con Telecataplum, Hiperhumor, Hupumorpo, y varios productos televisivos más, de la mano de Espalter, D’angelo, Almada y Berugo Carambula, en 2006 se transformó en Luis Mario Vitette Sellanes y compañía, a quien ahora se le suma otro espécimen de la garra charrúa para ‘chorear’ bancos.
El último caso digno de guion de cine lo protagoniza Alan Daniel Lorenzo Rodríguez, un nombre que suena más a defensor central de Montevideo Wanderers en una lista de la Copa Libertadores, pero que en realidad es un consumado experto en cavar túneles.
Este uruguayo, barra brava de Nacional, fue detenido, acusado de ser parte de una banda que planeaba realizar un nuevo “robo del siglo”.
Se lo acusa de haber estado a la cabeza de un elaborado plan para asaltar la sucursal de San Isidro del Banco Macro. ¿Su modus operandi? Un túnel de más de 150 metros, cavado con paciencia, como si estuviera buscando petróleo en Texas.
CRUZANDO EL URUGUAY
Rodríguez no estaba solo. Junto a él cayó Alejandro Rosendo López, otro individuo (criollo de ‘fabricación nacional’, en este caso), que parece tener más experiencia en el arte de cruzar el charco que en el de robar con estilo.
Según los investigadores, López era el encargado de “importar” a los criminales desde Uruguay hacia Argentina. Una suerte de cónsul de la delincuencia, un maestro de la logística criminal transfronteriza en barcaza precaria.
Pero como quedó dicho no es la primera vez que nos encontramos con uruguayos poniendo a prueba a nuestras fuerzas de seguridad. En el famoso “robo del siglo” al Banco Río de Acasusso en 2006, también hubo manos uruguayas cavando túneles y vaciando cajas de seguridad: las del hoy empresario Vitette Sellanes.
Entonces, la pregunta inevitable es: ¿acaso aquel ex presidente Batlle nos juzgó demasiado pronto? Mientras él señalaba a los argentinos como ladrones, ahora sus compatriotas cruzan en masa para probar suerte en nuestros bancos.
El colmo de la paradoja se encuentra en que mientras nos acusan de tener la moral más liviana que una pluma, son ellos quienes exportan delincuentes desde Uruguay. Es como si nosotros en lugar de exportar carne de alta calidad, estuviéramos importando bifes de dudosa procedencia. Y, por si fuera poco, estos “churrascos” parecen haberse especializado en robos de alto perfil.
GARDEL, EL MATE, Y LOS BOQUETEROS
Pero bueno, ¿qué más se puede decir? Quizás, después de todo, esta colaboración criminal internacional sea el primer paso hacia una verdadera integración rioplatense. Porque si algo nos une más allá del fútbol, Gardel, el mate y la rivalidad eterna, parece ser la vocación compartida de algunos por el delito bien planificado, o casi.
Mientras tanto, los bonaerenses seguiremos mirando con recelo y un poco de ironía a nuestros hermanos orientales, preguntándonos si la próxima vez que crucemos a Montevideo en busca de tranquilidad, no nos encontraremos con una nueva acusación infundada, o peor aún, con algún “boquetero” que haya decidido quedarse en casa a seguir practicando su oficio para venir a ejercer a nuestro territorio.
Porque, en definitiva, como dice el refrán “el ladrón ve a todos de su misma condición”.
Y como decía el Gordo Muñoz, líder del relato hasta que un uruguayo le quitó el sitial de honor… “En todas partes se cuecen habas”, y también chivitos y chotos.


