Desde hace un tiempo a esta parte, el fútbol y las apuestas deportivas llevan adelante una relación innegable. Sea en Europa o en América Latina, las casas de apuestas aparecen cada vez más como los sponsors no sólo de los equipos, sino también de las competencias. Sin embargo, en Brasil buscan cambiar el paradigma y ponerle un freno a eso. De hecho, mediante una medida provisional del presidente Lula, desde hace algunos días las apuestas deportivas están prohibidas en dicho país, lo que ya generó conflictos.
En ese sentido, uno de los que se expresó al respecto fue el presidente del Flamengo, Luiz Eduardo Baptista. A días del choque con Estudiantes por la semifinal de la Copa Libertadores de América, Bap, como se lo conoce al directivo, se mostró en las antípodas de la decisión tomada por el gobierno brasileño. Al frente de unos clubes más poderosos y millonarios de estos lares, Baptista no ocultó la importancia que tiene el ingreso de dinero por esa vía para mantener plantes como los que desde hace tiempo tiene el Fla.

“¿Cómo voy a pagar a Paquetá en enero?”, comenzó el presidente en su alocución. “Asumí un compromiso importante con el Flamengo. El Flamengo hace todo dentro de la ley. El Flamengo no necesita ayuda del Gobierno para pagar sus deudas. Ahora, esta medida compromete los ingresos. Esto afecta al fútbol, los pagos que tenemos que hacer y los deportes olímpicos”, consideró Baptista.
Luego agregó: “Para quien dice que, en el pasado, el fútbol ganó mucho sin las apuestas, eso es lo que llamamos sofisma. El mundo era otro, y, muchas veces, quien piensa así tal vez esté desactualizado”, disparó el directivo. “No podemos comparar lo que vive hoy con el pasado”, indicó.

Otra de las cosas que mencionó como argumento para su postura es una especie de alegría por parte de los principales competidores del fútbol brasileño. Es decir, los argentinos. “En Argentina están celebrando esto. No tengan la menor duda de que habrá un debilitamiento aún mayor del fútbol brasileño y un fortalecimiento del fútbol argentino. Y no vas a disminuir el endeudamiento del brasileño promedio con esta decisión. ¡Estamos seguros de eso!”, cerró un muy molesto Baptista.


