Axel Kicillof aprovechó su desembarco en Nueva York para enviar una señal al mundo financiero y empresarial: aunque cuestiona el rumbo económico de Javier Milei, no pretende presentarse como una amenaza para las inversiones.
En reuniones con fondos que tienen deuda bonaerense y con más de 20 grandes empresas, el gobernador buscó mostrar previsibilidad y, de manera indirecta, comenzar a responder una pregunta que ya aparece entre los inversores: qué haría si en 2027 llega a la Casa Rosada.
La agenda tuvo dos escalas. Primero, Kicillof se reunió con representantes de unos diez fondos de inversión institucionales, entre ellos Eaton Vance, Vanguard, GoldenTree y Mesarete, varios de ellos tenedores de bonos de la Provincia. También participó BlackRock, aunque no tiene títulos de deuda bonaerense.
Después llegó la mesa con la denominada economía real: más de 20 representantes de compañías vinculadas a energía, minería, petróleo y gas, biotecnología, comercialización de granos y servicios tecnológicos. Entre las empresas mencionadas estuvieron Google, Microsoft, Mastercard, MetLife y Dreyfus.

La foto política de ese encuentro tuvo además un nombre propio: José Luis Manzano, empresario con fuerte presencia en el sector energético. Su presencia junto a ejecutivos de compañías internacionales terminó de darle a la reunión un perfil que excedió la promoción de oportunidades de inversión en la Provincia.
Un mensaje para los inversores que ya miran 2027
La clave de la reunión con los fondos estuvo menos en convencerlos de la gestión bonaerense que en empezar a despejar interrogantes sobre el eventual futuro nacional de Kicillof. El gobernador viene de dar señales de proyección presidencial dentro del peronismo y su paso por Nueva York lo colocó frente a un auditorio que, más allá de sus posiciones ideológicas, busca conocer qué puede ocurrir con la economía argentina después de 2027.
Según contó el analista financiero Javier Timerman que participó del encuentro a Radio Rivadavia, los inversores querían escuchar directamente al gobernador y conocer qué haría frente a un eventual cambio de signo político.
La frase que sintetizó el planteo fue contundente: Kicillof les dijo que “no soy un loco que vengo a destruir todo”.
Timerman explicó que el gobernador dejó en claro que no comparte el programa económico de Milei, pero que la reunión transcurrió en un tono cordial y sin una confrontación directa. El mensaje estuvo puesto en que tiene otra visión de la economía, pero que entiende las restricciones y que pretende mantener abierto el diálogo con los inversores.
El dato tiene especial relevancia porque la comunidad financiera no está mirando a Kicillof solamente como gobernador. La prensa especializada y algunos de los participantes del encuentro señalaron que existe interés en conocer su posición ante la posibilidad de una eventual candidatura presidencial y, sobre todo, qué tipo de relación mantendría con el capital privado y con Estados Unidos.
De la deuda bonaerense al futuro de la Argentina
Kicillof también llevó a Wall Street un argumento concreto: la relación que construyó con sus acreedores durante su gestión. La Provincia tiene alrededor de US$7.500 millones en bonos en manos de inversores que ingresaron al canje de deuda, sobre una deuda total estimada en US$12.112 millones, según los números difundidos tras el encuentro.
En ese punto, Timerman marcó que Buenos Aires es un actor relevante para el mundo financiero. La provincia viene cumpliendo con sus vencimientos después de la reestructuración de la deuda y el último pago fue de unos US$420 millones.
El planteo de Kicillof fue entonces mostrar su propia gestión como antecedente para responder a las dudas sobre qué podría hacer un eventual gobierno nacional bajo su conducción.

La discusión llegó incluso al RIGI. Frente al temor de algunos inversores sobre qué ocurriría con el régimen si el peronismo volviera al poder, Kicillof reivindicó el antecedente del acuerdo con Chevron que gestionó en persona. Su argumento fue que aquel esquema también otorgó condiciones particulares para atraer una inversión de gran escala, aunque cuestionó el diseño actual del régimen por concentrar beneficios en determinados sectores.
Manzano y la economía real, la otra foto de la gira
La segunda reunión completó el mensaje. Kicillof no solamente buscó hablar con quienes tienen bonos de la Provincia, sino también sentarse con empresas de sectores considerados estratégicos para el desarrollo bonaerense.
Energía, petróleo y gas, minería, agroindustria, biotecnología y tecnología fueron algunos de los rubros representados.
La presencia de José Luis Manzano no es un dato menor. El empresario mendocino tiene un origen político en el peronismo: fue diputado nacional por el PJ durante los años 80 y ministro del Interior de Carlos Menem entre 1989 y 1992. Después dejó la política partidaria para concentrarse en los negocios y construyó, junto a Daniel Vila, un grupo con intereses en medios, energía y otros sectores estratégicos.
Durante la gestión de Javier Milei, Manzano reforzó su posición en sectores favorecidos por la desregulación energética. A través de Edenor, donde es socio de Daniel Vila y Mauricio Filiberti, avanzó este año sobre el control de Metrogas, en una operación de US$780 millones, mientras que sus socios de Mercuria adquirieron los activos de Shell en la Argentina.
En paralelo, Manzano mantuvo contactos con funcionarios del Gobierno y se mostró públicamente cercano a la agenda de apertura a las inversiones que impulsa Milei. Su presencia en la reunión con Axel Kicillof generó comentarios en Casa Rosada.
En Nueva York, el gobernador bonaerense empezó a tener que responder una pregunta que excede a la Provincia: qué tipo de presidente sería si finalmente el peronismo lo llevara como candidato en 2027. Y su primera respuesta ante los inversores fue despejar el fantasma de una ruptura con el sector privado y ofrecer, antes que definiciones programáticas cerradas, una señal de previsibilidad.


