La posibilidad de una campaña atravesada por mayores lluvias ante el pronóstico de un “Súper Niño” ya empieza a influir en las decisiones de los productores bonaerenses de cara a la siembra gruesa. En distintas zonas, el nivel de las napas, el estado de los caminos y la dificultad para ingresar a los lotes obligan a revisar qué cultivos sembrar y cuándo hacerlo.
El escenario todavía está lejos de tener una definición. Sin embargo, en algunas regiones del interior bonaerense el agua ya condiciona las decisiones. En Bolívar, por ejemplo, productores advierten que las napas permanecen muy altas incluso después de un período sin lluvias extraordinarias, mientras que el girasol comienza a ganar terreno frente a otros cultivos.
De maíz a girasol: cómo el agua empieza a cambiar las decisiones
“Acá en Bolívar se está dando un fenómeno raro, que es que tenemos las napas muy altas y no sabemos bien por qué, cuál es el motivo, lo cual no permite secar los bajos”, explicó a Infocielo Fernando Mónaco, ex dirigente de la Sociedad Rural de Bolívar y uno de los productores consultados por el equipo de Estudios Agronómicos de la Bolsa de Cereales y Productos de Bahía Blanca para su informe “Cuando el agua cambia las reglas del juego”.
La situación ya tuvo consecuencias sobre la campaña fina y comienza a proyectarse sobre la gruesa. “Acá en lo que es fina se hizo muy poco y se están inclinando mucho a lo que es girasol este año”, contó Mónaco. Según explicó, la decisión tiene también un componente económico: “Hoy por hoy lo que mejor plata deja es el girasol” sostuvo.
A ese cambio se suma otra modificación en la forma de producir. “Las empresas poco están alquilando y están tirándose a ser a porcentaje, como se hacía antiguamente”, señaló el productor, en una señal de la incertidumbre que atraviesa al sector.
Para Mónaco, el problema no es solamente climático. También existe una fuerte preocupación por la infraestructura hídrica. “Todos estos cambios vienen de la mano de la incertidumbre. No se sabe qué va a pasar, y sabido es la falta de obra, sobre todo acá en Bolívar. Venimos de anuncio tras anuncio, pero las obras no se hacen. Entonces, estamos como siempre”, cuestionó.
Su crítica apunta particularmente a la forma en que se están ejecutando las obras. “En lo hídrico lo poco que se está haciendo, se está haciendo mal”, sostuvo, y explicó que los trabajos se concentran en canales cercanos al casco urbano, mientras que “todo lo que es la parte agrícola ganadera no se está haciendo absolutamente nada”.
El impacto se observa también en los tiempos de las obras. “Para hacer 2 mil metros están más de 15 días, muestran la máquina ahí trabajando”, afirmó Mónaco, quien consideró que esos trabajos deberían haber comenzado mucho antes. “Ahora hay lugares que no se puede acceder por falta de piso”, agregó.
El productor todavía evita anticipar cuál será el resultado definitivo de la campaña. “Todavía no está dicha la última palabra con respecto a la gruesa”, sostuvo. Pero ya observa cambios concretos: en la zona de Pirovano, hacia el sur y sudoeste del partido, “hay una gran concentración de girasol, a diferencia de otros años”, mientras que productores que habitualmente hacían maíz comenzaron a inclinarse por esa alternativa.
El riesgo no es igual en todo el territorio
En Carlos Tejedor, el productor y comerciante Dante Garciandía planteó una mirada similar, aunque con una advertencia central: el posible escenario de excesos no permite formular una receta única para todos los establecimientos.
“Ante un escenario climático con altas chances de ocurrir un Niño en la gran región de la Argentina, donde en algunas situaciones se van a dar excesos de lluvia y otras posibles sequías, es muy difícil dar una recomendación muy en particular porque requiere conocimiento de la zona y cada zona es muy distinta a la otra”, explicó.
El oeste bonaerense todavía arrastra los efectos de las lluvias de 2025. En Carlos Tejedor, explicó, el impacto sobre la superficie fue menor que en otros distritos, pero el nivel freático permanece muy cerca de la superficie y las lagunas quedaron cargadas.

“Con las lluvias del año pasado las lagunas se completaron, así que este año, ante otra situación climática de excesos, vamos a sufrir mucho”, advirtió Garciandía.
La decisión productiva, entonces, queda atada a variables que exceden la elección de un cultivo. “El productor sabe que hace estrategia de cultivos, maneja fechas de siembra, pero también entra en juego la infraestructura, los caminos rurales, los accesos a los campos”, señaló.
Y puso el foco en una dificultad concreta: “Es muy difícil a veces que lleguen las maquinarias o que muevan los camiones para mover hacienda”. Por eso, recomendó que los productores mantengan contacto permanente entre sí y con las entidades del sector y los representantes locales para anticiparse a los problemas.
Garciandía también destacó que el escenario puede ser muy diferente incluso dentro de un mismo distrito. “Sabemos que con los excesos son beneficiados algunos cultivos y los campos más altos porque son muy productivos, pero también sufren mucho los campos bajos y los ambientes donde a veces no hay agua, pero no hay piso para hacer agricultura”, explicó.
Frente a esa incertidumbre, Carlos Tejedor cuenta ahora con una herramienta que puede ayudar a anticipar los problemas. En 2025 se instaló en el distrito la primera estación hidrometeorológica pública, a partir de un convenio público-privado que involucró a instituciones, productores locales y organismos científicos.
La iniciativa surgió a partir de una donación del Instituto de Hidrología de Llanuras, en conjunto con la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires, el CONICET y la UNICEN de Tandil, además del aporte de productores locales. La estación no solamente registra humedad y temperatura: también mide nivel freático, conductividad del agua y humedad del suelo.
“Nos va a traer mucha información contundente en tiempo real y poder anticiparnos a problemas graves que antes, en el transcurso del problema, el productor salía a buscar soluciones”, explicó Garciandía. “No va ni a evitar la sequía ni a evitar las inundaciones, pero sí traer un manto de información para tomar decisiones mejores y a tiempo”, agregó.

La estación comenzó a transmitir datos hace aproximadamente 15 días. Según explicó el productor, la información será compartida y permitirá construir registros de largo plazo sobre el comportamiento meteorológico e hidrológico del distrito.
Un Niño que obliga a planificar antes
Desde CARBAP también advierten que el clima ya ingresó entre las variables que condicionarán las decisiones de la próxima campaña. Su presidente, Pablo Ginestet, señaló a Infocielo que los productores están actuando con cautela y que la situación depende fuertemente de cada zona.
“Hay mucha incertidumbre. Depende de la zona, donde no tenés riesgos o son zonas más altas, que generalmente la falta de lluvias son un problema, están muy contentos”, explicó. Pero el panorama cambia en las áreas con riesgo de inundación: “La mayoría de los productores están teniendo cierta cautela a la hora de tomar decisiones porque, bueno, los números no acompañan desde lo económico”.
El exceso de humedad puede modificar incluso una decisión que parecía tomada. “Vos tenés planteado hacer un maíz, pero si no podés entrar a sembrar, bueno, a lo mejor tenés que irte a otro cultivo”, explicó Ginestet.
Para el dirigente rural, todavía es temprano para anticipar cuál será el comportamiento general de los productores. La definición comenzará a observarse con mayor claridad dentro de un mes o un mes y medio, a medida que avance la ventana de siembra.
En paralelo, las recomendaciones técnicas apuntan a mirar el escenario con una lógica preventiva. El posible avance hacia condiciones asociadas a El Niño aumenta la probabilidad de precipitaciones superiores a los registros habituales en buena parte de la región agrícola, pero el agua disponible no garantiza por sí sola una buena campaña.
La diferencia estará en cómo responda cada ambiente. Capacidad de infiltración, relieve, sectores bajos, canales, vías de escurrimiento y antecedentes de cada lote pasan a ser variables centrales antes de definir la estrategia de siembra.
El INTA también plantea ajustar la fertilización al potencial productivo, revisar la elección de híbridos y variedades y reforzar el monitoreo sanitario, ya que una mayor humedad puede favorecer determinadas enfermedades.
Para el productor, en definitiva, el desafío no será solamente aprovechar el agua. También será poder entrar al lote cuando corresponda. Revisar canales, alcantarillas, drenajes y caminos internos, identificar los sectores problemáticos y organizar con anticipación la logística puede resultar decisivo si una primavera lluviosa reduce las ventanas disponibles para sembrar y realizar labores.
La campaña gruesa todavía está abierta. Pero en zonas como Bolívar y el oeste bonaerense, el agua ya comenzó a jugar sus cartas y, con ella, también empiezan a cambiar las decisiones de los productores.

