Joaquín Correa volvió a Estudiantes para aportar toda su calidad, en plena vigencia y con 32 años. Y en Junín, si bien fue un partido complejo para todo el Pincha, tuvo el honor de lucir la cinta de capitán por primera vez desde que retornó, acaso todo un reconocimiento por su regreso y también porque es un referente del club.
La vuelta de Correa, en definitiva, es un ejemplo para los pibes del club. Es un mensaje, a la vez. El jugador que se formó en el club, hizo su recorrido en Europa y volvió entero y vigente a modo de agradecimiento también para la institución que le dio las armas para triunfar en el fútbol. Algo que también hizo su mejor amigo, Guido Carrillo. Y en buena medida José Sosa, quien se bien volvió más tarde, físicamente le dio para aportar y ganar cinco títulos más con el club, al punto de convertirse en el más ganador del siglo.
Como fuera, con Sosa justamente en el banco, con Carrillo y Núñez también como suplentes, el abanderado fue el Tucu, que lució esa cinta que dice mucho. Porque bien la podría haber usado Muslera, por su experiencia y trayectoria, pero Correa, de alguna forma, tiene una identificación más fuerte con el club y su vuelta lo deja en claro.

El partido de Correa
El Tucu arrancó bien el partido pero luego se fue diluyendo. Es cierto, se esperaba más de él en este encuentro, aunque también es verdad que venía de jugar de entrada en Chile ante la Católica y recién se está poniendo a punto.
Jugó como una especie de enlace, detrás de Alario, con Fabricio Pérez a la derecha y Aguirre a la izquierda. Y luego, con los cambios, se mantuvo en ese lugar, con Cetré a la derecha y Tobio Burgos a la izuquierda.
Luego, tuvo en sus pies un penal para poder descontar, a los 40 del segundo tiempo, pero falló increíblemente: la tiró por arriba del travesaño.

