En la ciudad de La Plata, el amor por la patria no es un concepto abstracto de libre de texto; es una disciplina diaria que se respira en el aula, se ensaya en el piano y se camina a lomo de mula por los abismos andinos. Adriana Geymonat es docente de primaria y secundaria, profesora de danza, canto lírico egresada del Teatro Colón, pianista y guitarrista. Sin embargo, su verdadera vocación ha sido transformar la enseñanza de la historia en una vivencia encarnada.
La semilla del fervor patriótico prendió temprano, impulsada por un entorno familiar donde la memoria histórica se transmitía como un valor irrenunciable. “Reivindicar la figura de los próceres viene desde que nací, prácticamente”, afirmó Geymonat.
Para Adriana los padres fueron fundamentales inculcado el amor por el país y por la patria, recuerda que el papá “llegaba del trabajo, me sentaba en una mesa y nos poníamos a hablar de hombres importantes para la Argentina, de lugares con historia. Fui creciendo conociendo la vida de los próceres y me fue fascinando. Ya de grande, sentí esa necesidad de transmitir lo que sabía, y ahí me dediqué a la carrera docente.”
El aula extendida: De las escuelas a los Andes
Para Adriana, enseñar exige veracidad absoluta y compromiso personal. No concibe contar la historia a medias ni quedarse únicamente en la teoría. “Mis alumnos saben que cuando llega enero, en nuestro descanso docente, voy a algún lugar relacionado con nuestra historia para después, en marzo, poder contarles y que vayan aprendiendo la historia como es: sin agregar y sin quitar nada. Los próceres y todo nuestro país tienen cultura y tradición, y hay que contarla como está escrita.”
Esa búsqueda la llevó a rendir homenajes en el Bicentenario de la Independencia en Tucumán y en el Monumento a la Bandera en Rosario. Pero en 2017, tras el dato de una tía sobre el Bicentenario de la Batalla de Chacabuco, el compromiso tomó una dimensión física y épica.

“Fui al médico para un chequeo general, después al gimnasio para fortalecer piernas, brazos, cintura y espalda, y viajé a Mendoza. Ahí empecé con el Paso de los Patos, la columna principal al mando del General José de San Martín”, explica Adriana.
Lo que comenzó como una travesía aislada se transformó en un proyecto monumental de seis rutas sanmartinianas a través de los Andes (Los Patos, Portillo, Guana, Come-Caballos, Planchón y Uspallata), encaradas entre 2017 y 2022.
Aislamiento, riesgo y autogestión

”Lo que estoy haciendo es la ruta histórica, la que hizo San Martín y sus granaderos. Salimos muchos, pero la mayoría hace un paso alternativo o turístico”, explica Adriana sobre su desafío de replicar el paso histórico que realiza con los baqueanos. Son pasos vírgenes, muy difíciles, no abiertos al turismo. “Nadie elige ir y sufrir, pero para mí sí tiene atractivo porque es sentir lo que sintieron esos hombres y valorar mucho más lo que hizo San Martín al cruzar la cordillera”, cuenta orgullosa la docente platense.
Recorrer los filos cordilleranos exigió templanza física y mental, además de asumir riesgos donde el auxilio era imposible.
Adriana cuenta que “uno pasa por un hito de Gendarmería donde firmás que te hacés responsable de tu vida. Te dicen que no pueden enviarte helicópteros por las turbulencias y corrientes de aire, y porque a los lugares donde vamos no puede acceder nadie. Le hacés caso a todo lo que te dice el baqueano, que conoce cada rincón“.
En tanto, las condiciones del lugar también hicieron difícil el recorrido, “dormía al aire libre, sin carpa, para ponerme en la piel de esos hombres. Sentís el frío hasta los huesos. Tuve accidentes, falta de agua, días sin comer porque una tormenta nos mojó y perdimos todo, desde un esguince hasta miles de cosas”, explica la docente.
A la dureza del terreno se sumó la traba financiera, un proyecto de nueve años costeado enteramente de su bolsillo, “es un proyecto personal, de mucho esfuerzo, en soledad, sin sponsors. Ahorrando hasta el último centavo y privándome de un montón de cosas. Nunca bajé los brazos, siempre me puse ese objetivo de seguir mis convicciones. El que se pone los límites es el ser humano; si nos proponemos y hacemos el esfuerzo, a la larga se logra.”
De Perú a Guayaquil: La ruta continental
Seguir los pasos de San Martín llevó a Adriana a rehacer el itinerario de la Gesta Libertadora por América. Embarcó hacia Paracas, recorrió la selva peruana con las tropas de Arenales y pronunció la proclama de la independencia desde el balcón de Huaura. Prosiguió hacia Guayaquil en Ecuador, pasó por Uruguay en la Calera de las Huérfanas —donde residió la familia San Martín— y culminó en Yapeyú.

Su hazaña la convirtió en la primera persona en el mundo en completar la huella continental de San Martín y su familia, distinción reconocida por el Instituto Nacional Sanmartiniano (como Abanderada de los Andes), el Instituto Sanmartiniano del Perú (como Embajadora Sanmartiniana por el Mundo) y la ONU.
“En todos los países me nombraron visitante ilustre, pero si me decís un país que me traje más condecoraciones, fue el Perú. Todo esto se vuelve a volcar en las aulas”.
Como docente y fanática de la historia argentina, Adriana se dedica a dar charlas en colegios, jardines, institutos de formación docente, escuelas de cadetes, penitenciarios de mujeres, batallones de montaña y afirma que, “uno se da cuenta del desconocimiento que hay, y ahí está mi tarea, transmitir el legado.”
El horizonte europeo
A pesar de los reconocimientos, la meta final aún está por escribirse. Adriana planifica la segunda fase del proyecto: la huella sanmartiniana en Europa. El itinerario comprende España (Servatos de la Cueza y sus academias militares), Londres, Escocia (Banff), Italia, Bélgica (Bruselas) y Francia (Grand Bourg y Boulogne-sur-Mer).
Para Adriana es muy importante poder culminar con este paso y completar la ruta europea, explica que “poder dejar la Bandera de los Andes, que me acompaña desde 2016, sobre la cama donde falleció el General José de San Martín. Sería el cierre de este proyecto“.
Para finalizar cuenta que está a la espera de apoyo de organismos que faciliten los traslados internacionales para concretar este tramo final, Adriana sostiene la premisa que guía su enseñanza y su vida, la misma que resonó en la cordillera antes de la batalla, “es poder cumplir, humildemente, agradeciéndole por todo lo que hizo por nuestro país y pidiéndole disculpas por los argentinos que tenemos la costumbre de olvidarnos de nuestros próceres. Un pueblo que pierde su memoria, pierde su identidad como nación”.

