La ciudad tiene, desde hace meses, una rutina que se repite con demasiada frecuencia: la de contar persianas bajas. Esta vez le tocó a Basset, la marca de indumentaria deportiva que nació en La Plata hace más de tres décadas y que anunció el cierre de su local ubicado en 59 entre 11 y 12, con una liquidación total de la mercadería disponible.
En las vidrieras ya pueden verse carteles con promociones de 2×1 y descuentos de hasta el 30% en distintos productos, mientras el personal del comercio trabaja para vender el stock restante antes del cierre definitivo, del que todavía no trascendió una fecha exacta.

De un taller platense a locales en medio país y Uruguay
Basset nació a comienzos de los 90, cuando dos jóvenes amigos empezaron a coser ropa de entrenamiento en un taller casero de La Plata para aprovechar el boom de la gimnasia aeróbica, un rubro que por entonces casi nadie atendía en el país.
De ahí saltó a la indumentaria urbana, el running y el yoga, y terminó convertida en una marca de alcance nacional, con locales en Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Jujuy, Puerto Madryn y Tandil, entre otros puntos, además de una tienda propia en Uruguay.

Se supo que, tras más de dos décadas de producción y venta mayorista con base platense, el proyecto pasó a manos de un grupo de exempleados y diseñadores que lo sostuvo y potenció su canal online después de la pandemia.
Hoy la empresa mantiene su base operativa en Capital Federal, sobre avenida Córdoba, aunque todavía no se confirmó si conservará algún otro punto de venta en la ciudad que la vio nacer. Que una marca con ese recorrido decida bajar la persiana justamente en su cuna es, para el comercio local, una señal difícil de disimular.

La lista no para de crecer
Basset se suma a una lista que ya es larga y que crece casi todos los días. Apenas ayer, La Plata se enteraba del cierre de Casa Otilia, una de las hamburgueserías más emblemáticas de la ciudad, después de doce años en 4 y 53.
En ese caso puntual, su fundador remarcó que la decisión no responde a la crisis económica sino al desgaste personal tras más de una década al frente del proyecto, aunque muchos de sus clientes igual lo vincularon con el clima general del sector.
Antes hubo otros: una casa de música con 22 años de trayectoria, una cadena de artículos para el hogar con 17 años, un minimarket de barrio Hipódromo con décadas de historia. Cada uno con su propio recorrido puertas adentro, pero todos empujados hacia la misma salida por un contexto que no da tregua.
Los números detrás de cada persiana
Los datos oficiales confirman lo que se ve a simple vista. Según la Encuesta Comercio de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP junto a la Cámara de Comercio, Industria y Servicios local, las ventas en La Plata cayeron 9,1% interanual en el primer trimestre de 2026, la decimotercera baja trimestral consecutiva: más de tres años en rojo.
Un relevamiento sobre 4739 comercios detectó 455 locales cerrados, en venta o en alquiler, una vacancia del 9,6% que en el microcentro trepa al 32,6% interanual. El empleo comercial, mientras tanto, retrocedió 5% en el mismo período.
Referentes del sector calculan que hoy cierran entre uno y tres comercios por día en la ciudad, y que entre 2025 y lo que va de 2026 la cifra acumulada rondaría los 2.500 negocios.
La indumentaria, justamente el rubro de Basset, explica por sí sola 4,5 de los 9,1 puntos de caída total en las ventas, y la gastronomía perdió entre el 25% y el 30% de sus bares y restaurantes en dos años.
Ajuste de arriba, cierre de abajo
Detrás de cada cartel de liquidación hay una cadena que empieza mucho más arriba.
El ajuste macroeconómico que el gobierno de Javier Milei aplica sobre tarifas, salarios y poder adquisitivo termina golpeando la microeconomía de cada barrio: menos consumo, menos ventas, menos margen para sostener un alquiler que sigue subiendo aunque el local esté vacío.
Comerciantes y emprendedores “privados“, los mismos a los que el discurso oficial dice defender, son quienes están perdiendo su fuente de ingresos. Los “privan” de todo, especialmente de vender.
Cada cierre es inversión que se pierde, puestos de trabajo formales e informales que no se reciclan fácil en otro rubro, y plata que alguien puso y no va a recuperar. Y hay un efecto todavía más silencioso: el de quienes tenían pensado invertir y ahora dudan, porque ven que en la cuadra de al lado ya cerraron dos o tres locales y se preguntan “para qué arriesgar”.
Mientras tanto, los carteles de “se alquila” se multiplican en las principales arterias comerciales de la ciudad, alimentando un círculo del que, por ahora, nadie ve la salida.

