A las puertas del Día del Amigo —un invento argentino que nació en 1969 como un gesto de “amistad de la humanidad hacia el universo”—, la analista Antonella Jaime planteó un debate urgente sobre la deshumanización de nuestros vínculos. En un contexto donde el 72% de los adolescentes ya utiliza compañeros de Inteligencia Artificial (IA) para conversar, la especialista alertó en LA CIELO sobre una “verdad incómoda”: estamos intentando reemplazar un vínculo sagrado por una interacción sin alma.
Para Jaime, la crisis actual se manifiesta en una “recesión de la amistad”, donde el tiempo dedicado a otros seres humanos “vale más que el agua” porque se está evaporando. Sin embargo, la columna fue tajante al explicar por qué la IA jamás podrá ocupar el lugar de un par: la amistad no es un servicio de atención al cliente, sino un compromiso que requiere “carne y hueso”.
La trampa de la comodidad: un vínculo sin “fricción”
Uno de los principales ejes de la columna es que la IA resulta atractiva por su disponibilidad 24/7 y su falta de juicio. A diferencia de un amigo real, el chatbot no te lleva la contra ni te invita a una reflexión interna. “Un chat es una compañía sin reciprocidad y sin cargas; en este nuevo mundo tan superficial resulta cómodo, pero rompe con el concepto primario de la amistad”, advirtió la analista.
La amistad verdadera, según el creador de la fecha Enrique Febraro, implica esfuerzo: visitar al otro, acompañarlo en el espíritu y ser generoso. “Un amigo cuesta algo y por eso vale lo que vale”, sentenció Jaime, remarcando que la ausencia de “fricción” o de pedidos de favores en el vínculo digital lo vacía de su significado más profundo.
Nadie del otro lado: la ausencia de “vivencias compartidas”
Otro argumento central contra la delegación de este vínculo en la IA es la inexistencia de un diálogo real. La analista explicó que dialogar es una acción recíproca que transforma a ambas partes, algo imposible con un software que no tiene conciencia ni voluntad propia. “No hay nadie del otro lado que esté acumulando esta conversación como una experiencia que sea propia y que sea compartida”, subrayó.
A pesar de que programas como ChatGPT puedan recordar datos previos, Jaime aclaró que se trata de una “relación con uno mismo” proyectada en un espejo de datos. La IA carece de la capacidad de sentir o de tener una historia común basada en la vida real.
Un chat te contesta, pero solo un amigo te conoce
Finalmente, la columna cerró con una distinción fundamental para el ecosistema social bonaerense, caracterizado por ser “amigable por diseño”. Mientras la IA se entrena con “océanos de texto humano” para simular empatía, no puede garantizar la certeza de reciprocidad que sostiene a una comunidad.
“La amistad descansa en el necesario vínculo que demanda reciprocidad… un chat te puede contestar siempre, pero tu amigo te conoce”, concluyó Antonella Jaime. La advertencia es clara: en tiempos de “epidemia de soledad”, refugiarse en la máquina puede aliviar la urgencia de hablar, pero termina por atrofiar la capacidad humana de construir un vínculo sagrado con otro semejante.

