La clasificación de la Selección volvió a demostrar una constante de este ciclo: el equipo de Lionel Scaloni responde en la cancha, mientras deja en ridículo la campaña anti-argentina de empresarios pesudos-periodistas y dirigentes políticos de poca monta que apuestan al fracaso de la selección.
Durante buena parte del torneo se instaló desde distintos medios un discurso repetido hasta el cansancio: “Argentina no está jugando bien”. Como si un seleccionado campeón del mundo, bicampeón de América y protagonista permanente de las grandes competencias estuviera obligado a ofrecer exhibiciones futbolísticas en cada partido para justificar su condición.
La historia terminó, otra vez, del mismo modo. Cuando llegan los encuentros decisivos, la Selección aparece. Con carácter, con oficio y con un cuerpo técnico que hace tiempo dejó de deber exámenes.
Pero esta vez hubo un ingrediente adicional que ninguna otra selección importante del mundo tuvo que enfrentar en medio de una competencia.
Mientras el plantel disputaba el Mundial, un grupo integrado por periodistas como Gabriel Pizzi; Matías Yofe, un dirigente político marginal procesado en una causa por presunta extorsión, y algún empresario que perdió negocios con la actual dirigencia viajó a Estados Unidos impulsando denuncias y cuestionamientos contra la conducción de la AFA. El episodio fue tan inusual como inédito: en plena competencia internacional, actores argentinos desarrollando una ofensiva pública contra la dirigencia del fútbol nacional.
Con el paso de los días, incluso dejaron en claro cuál era su razonamiento. El propio Pizzi lo expresó sin filtro:
“Si a la Selección Argentina le va bien, todo lo que estamos hablando, todo lo que se investigó, no va a ayudar a que se transparente el fútbol argentino.”
Lejos de retractarse, luego reforzó esa idea al afirmar que un éxito deportivo contribuiría a mantener “dormido” el proceso judicial contra la AFA. Es decir, vinculó directamente el rendimiento de la Selección con la suerte de una disputa política e institucional.
Cuesta encontrar antecedentes de una campaña semejante contra un seleccionado nacional en plena disputa de un Mundial.
Si hay una figura que sale fortalecida de este proceso es Claudio “Chiqui” Tapia. No necesariamente por los triunfos deportivos en sí mismos, sino por la decisión más importante que tomó desde que conduce la AFA: elegir a Scaloni cuando prácticamente nadie lo imaginaba como entrenador de la Selección mayor.
Aquella designación fue ridiculizada por buena parte del ambiente futbolístico. Se lo presentó como un técnico inexperto, de transición, sin espalda para conducir al campeón de América. Tapia no sólo sostuvo aquella apuesta cuando arrecieron las críticas, sino que además le dio autonomía, respaldo político y tiempo para construir un proyecto. Y llevó a la selección argentina al máximo escalón del fútbol mundial, con la coronación en Qatar y del continente, con el bi-campeonato de América. El próximo domingo se juega repetir el logro continental, en la contienda internacional. Ya logró un pasaje para la próxima final de la Copa del Mundo. La segunda consecutiva que tendrá como protagonista al fútbol argentino.
El gran mérito futbolístico pertenece íntegramente a Scaloni y a su cuerpo técnico. Pero el gran acierto político fue de Tapia: detectar antes que nadie un entrenador que casi nadie veía.
Quizás por eso muchos interpretaron el gesto de Enzo Fernández tras la histórica semifinal en la celebración de su gol como algo más que una respuesta a las críticas futbolísticas. Pareció una contestación a quienes, desde distintos ámbitos, intentaron instalar dudas permanentes sobre este ciclo y sobre la conducción de la AFA. Ni la Bundesliga, ni la Premier League, ni el Brasileirao, ni la Ligue 1 francesa —todas competencias de élite y con representantes en esta edición del Mundial— lograron colocar a uno de sus clubes en la gran final. El único que rompió esa lógica fue el fútbol argentino, que volvió a demostrar que la jerarquía no siempre se mide por presupuesto o poderío económico. La AFA quedó en las puertas de una nueva final. La actual selección ya superó, incluso, a sus antecesores más ganadores: Scaloni se aseguró las medallas que ya se colgó Bilardo. Tapia, también.

