Pocas palabras quedan para describir a esta Selección. Un equipo que pareciera esperar la desventaja para apretar sobre el final y hacer todo mucho más épico. Porque ya ganó y volvió a ganar, una y otra vez, pero no se conforma y quiere más. Y siempre tiene un capítulo más de épica para seguir ilusionando a todos los argentinos.
Esta vez, en el partido más importante del siglo XXI, contra Inglaterra y en una semifinal del mundo, volvió a dar la talla. Superando a su rival durante varios tramos del partido y apabullándolo sobre el final, cuando empujaba más el corazón que las piernas. Gordon puso en ventaja a Inglaterra, pero al mismo tiempo terminó por despertar al campeón.
No porque estuviera dormido, sino porque activó el instinto depredador con el que fue al frente, encerró a los ingleses contra su arco y le generó una y otra jugada de gol. El palo dos veces, otras tanto Pickford, y finalmente Enzo Fernández y una zapatazo inolvidable para desatar la locura en Atlanta.
Al falta de 5 minutos la Scaloneta lo empató, pero no se relajó en lo más mínimo. Olió sangre y volvió a la carga para terminar de liquidar a su rival. Lejos de conformarse y pensar en el alargue, los campeones del mundo siguieron a puro centro y apareció el centro mágico del Messi y el cabezazo de Dios de Lautaro Martínez. 2-1 y a casa.

Otra vez tocó sufrir. Incluso después de estar en ventaja con los casi 12 minutos que terminó dando el árbitro. Un sufrimiento que valió la pena y que mantuvo la tensión al máximo para el estallido final. Un festejo sentido y emotivo entre los jugadores, los hinchas, el cuerpo técnico y la gente que se quedó en el país.
Y por supuesto, con las Malvinas presentes y una imagen imborrable de los futbolistas con una bandera que dejó en claro que son argentinas. Sí, en su cara y ante los ojos del mundo.
Una jornada inolvidable y apasionante. Un Argentina-Inglaterra que será recordado por los años, como aquel en el que Maradona eludió a todos en el Estadio Azteca en 1986, como aquel que se definió por penales en Saint-Étienne en 1998. Una nueva generación de argentinos ahora sabe qué es enfrentar a Inglaterra, qué es defender los colores y qué es ganarle.
“El domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar”, terminaron cantando todos en el Mercedes Benz Stadium, ya pensando en España y en Nueva Jersey. Ya llegará el momento de preparar la final. Ahora, toca disfrutar uno de los partidos más apasionantes de nuestra gloriosa historia.

