El Senado cerró su primer semestre de 2026 en un estado que oscila entre el letargo invernal y la congeladora permanente. Para un año que no es electoral, los números parlamentarios de la Cámara alta no solo son magros, sino escandalosos: una sola sesión ordinaria en seis meses. Mientras la provincia demanda soluciones, más de 300 proyectos deambulando en los cajones de las comisiones, el “síndrome de la hoja en blanco” atacó con fuerza a un grupo selecto de legisladores.
El contraste con la Cámara de Diputados es inevitable y deja al Senado todavía peor parado. Mientras en la Cámara baja —con un mapa político mucho más fragmentado, complejo y sin hacer grandes méritos— este lunes 13 de julios ya encaran la tercera sesión del año intentando empujar la agenda, el Senado sigue atascado en el barro de la inacción.
Detrás de la parálisis hay una explicación que este portal viene desgranando semana a semana: la feroz interna en el oficialismo de Fuerza Patria. Pero el dato que vuelve ridícula la situación es matemático: el peronismo tiene 24 senadores propios. Cuenta con quórum propio y la mayoría necesaria para sesionar y aprobar leyes sin depender de que se siente un solo opositor. Aun así, con la sartén por el mango, la vicegobernadora Verónica Magario se muestra incapaz de abrochar un acuerdo puertas adentro que le permita abrir el recinto. Al menos cedió y abrió el palco de prensa en la única sesión del 2026 luego de un año sin dejar ingresar a la prensa.

La falta de tregua entre el sector de Axel Kicillof y los sectores de La Cámpora metieron a la Cámara alta en un laberinto de desprolijidades. Ya no es solo la oposición la que brama; dentro del propio kicillofismo se reactivaron los cuestionamientos en off hacia la capacidad de Magario para conducir el cuerpo. “No puede sentar a los propios”, repiten por lo bajo en los pasillos de Calle 6. La crítica no es nueva, pero la parálisis actual la dejó en carne viva.
La muestra más gratis de este internismo feroz se dio en mayo, cuando se armó la tardía constitución de la comisión de Seguridad. Allí, el exministro Sergio Berni no se guardó nada y apuntó directo contra el tablero de control de Magario, a quien llamó con fina ironía “su excelencia la vicegobernadora”, fustigándola por tomar resoluciones “unilaterales” y sentenciar que la Cámara llevaba “seis meses sin funcionar”, en una falta de respeto explícita a los bonaerenses.
El pico máximo de este delirio institucional se vivió el pasado miércoles 24 de junio, durante la postergada primera sesión ordinaria del año. Lo que debía ser un retorno al orden se transformó en un ring de boxeo a micrófonos abiertos entre Magario y Berni. El exministro, fiel a su estilo pirotécnico, utilizó su tiempo para recordar de forma punzante que Cristina Fernández de Kirchner “le abrió la puerta” a Axel Kicillof. Incómoda ante la mención que tocaba las fibras más sensibles de la interna, la vicegobernadora no dudó en meterle un “freno reglamentario”: “Senador, podemos ir redondeando porque ya son 10.40. Se terminó su tiempo”. Berni, lejos de acatar, retrucó a los gritos: “No, esto no termina, ¿sabe qué? Qué lástima, señora Presidenta…”, momento exacto en que Magario, apurada por clausurar el pase de facturas, le cortó el micrófono en seco. Para colmo de desprolijidades, el sistema de sonido le jugó una mala pasada a la Vice, dejando escuchar nítidamente un murmullo suyo por lo bajo: “Sí, todo es falta de respeto, claro…”. Luego vino el cruce por lo desprolijo de algunas licencias, entre ellas la del libertario Diego Valenzuela que reasumió su banca “de hecho” sin que lo vote el cuerpo. Una postal grotesca que desnudó que el peronismo provincial está hoy más ocupado en ajustar cuentas de cartelera que en prender la luz del recinto.
Ese barro —sumado a los tironeos que dejaron a mitad de camino el recambio de autoridades, las vicepresidencias en suspenso y las sillas vacías en el Consejo de la Magistratura— dinamitó el funcionamiento de las comisiones clave y ató la gestión con alambre. ¿El resultado? Una parálisis institucional que le sirvió de perfecta pantalla a los menos laboriosos de la Legislatura.
EL CLUB DEL “PROYECTO CERO”
Aunque desde el entorno de los senadores se escuden en que no hay sesiones para debatir, la tarea de redactar leyes no requiere del recinto abierto. Aun así, los datos del primer semestre revelan que siete senadores cerraron el período sin haber presentado un solo proyecto de ley propio.
En el lote del “cero absoluto” —aquellos que no enviaron ni una ley, ni una declaración, ni un pedido de informes— se anotan nombres de peso. Por el PRO, figura Jorge Schiavone. Por el peronismo de Fuerza Patria, el exintendente de Carlos Casares, Germán Lago. El bloque libertario de La Libertad Avanza (LLA) aportó su cuota de apatía con las senadoras María Luz Bambaci y María Cecilia Martínez, quienes mantuvieron el casillero legislativo completamente vacío en lo que va del 2026.
Un escalón apenas por encima, mostrando algo de “actividad de cotillón”, aparecen otros legisladores que esquivaron la redacción de leyes, pero sumaron firmas para declarar beneplácitos o efemérides. El exintendente de Mar Chiquita, Jorge Paredi (FP), no redactó leyes, pero sumó 5 declaraciones; Diego Videla (FP) metió 2 resoluciones y 8 declaraciones; y el libertario Gonzalo Cabezas firmó 3 declaraciones y 4 pedidos de informes. Producción legislativa real: nula.
Para colmo de males, de las escasas seis leyes aprobadas en la única sesión que Magario convocó en el año, la enorme mayoría fueron normativas de bajísimo impacto real para la vida de los bonaerenses (como declarar a Tornquist “capital del Trekking” o instituir días de concientización). El 96% de lo de batido en 2026 se redujo a declarar de interés legislativo aniversarios municipales y logros deportivos.
ALGUNOS AGARRARON LA PALA
Para que la balanza no dé totalmente quebrada, un puñado de legisladores se dedicó a redactar textos a sabiendas de que terminarían encajonados por la falta de acuerdos políticos.
El ranking de los laboriosos lo lideró con comodidad el platense Marcelo Leguizamón (HECHOS), quien cargó al hombro a su mini bloque presentando 60 proyectos de ley en seis meses. Bastante más atrás, la radical Nerina Neumann (UCR) aportó 30 iniciativas, seguida por el peronismo técnico de Marcelo Feliú (18) y el mileísta Matías de Urraza (18).

