Alfredo Segatori, uno de los muralistas más reconocidos del país, horas antes del partido de Argentina de ayer, se encontraba “poniéndole el cuerpo” a una de sus obras más emblemáticas. Para el artista es cumplir con un ritual que nació con la Copa del Mundo, “venimos con la cábala, desde que empezó el mundial vengo todos los días que juega Argentina antes del partido un ratito a darle unos toques”.
El mural, que une las figuras de Lionel Messi y Carlos Gardel, ha sufrido el paso del tiempo. Según explica el propio Segatori en diálogo en “Todo no se puede” de La Cielo 103.5, la pared tiene filtraciones del terraplén que obligaron a una intervención profunda. “Estaba todo Gardel lleno de musgo, le sacamos el musgo al otro día, le llevamos el traje a la tintorería el otro día, los pusimos bien pitucos para la ocasión”. Para el artista, esta restauración no es un simple mantenimiento técnico, sino una mutación creativa que él denomina “exabrupto de color” o “miseria abstracta Argentina”.
El arte urbano lleno de mística y vulnerabilidad
La mística de la obra se apoya en coincidencias que Segatori destaca con asombro, como el hecho de haber iniciado los trabajos un 24 de junio, “vinimos justo el día que jugábamos, en el cumpleaños de Messi que casualmente es el día que partió Gardel a más allá”.
Ante el debate sobre la nacionalidad del “Zorzal Criollo”, el muralista es tajante, “Gardel es argentino, Carlitos es más argentino que el mate y el dulce de leche, así que vamos con Carlitos todavía”.
Sin embargo, detrás del brillo de los colores, la realidad de la gestión del arte urbano en la ciudad es compleja. Segatori denuncia que, a pesar de la visibilidad de su trabajo, el apoyo estatal es nulo.
“Mirá, lo buena onda en general hay, lo que no hay es presupuesto, no te dan un mango”, explica el muralista. Esta falta de fondos lo ha llevado a autogestionar la obra con apoyo privado, “nos pusimos un poco al pecho de la cosa y dijimos ‘mira esta pared la verdad lo merece’, la gente de Terna nos facilitaron la pintura”. Su objetivo actual es encontrar empresas que ayuden a iluminar el mural, ya que “esto a la noche no tiene luz”.
Una promesa y un mural
Segatori recordó cómo el mural del Diego y Charly García bailando el tango nació de un encuentro con el propio músico, “le había prometido a Charlie en una oportunidad que le pintamos la limusina y lo conocí personalmente que le íbamos a dibujar acá con el Diego bailando el tango y bueno cumplimos esa palabra”.
El artista se prepara para seguir trabajando en el “Messi Malevo” y otras figuras. Para él, el arte en la calle es una historia viva que debe transformarse, “es aburrido siempre restaurar la obra a lo que era original, siempre hacerle un cambio, algún reciclaje es interesante”. Con la convicción del que cree en el destino, el artista sentencia, “mientras sigamos ganando estamos acá hasta la final”.

