Desde el 11 de junio, buena parte del mundo, de la que no está exenta Argentina, reorganizó su vida alrededor de una grilla de tres o cuatro partidos por día. Se durmió menos, se comió mirando una pantalla y el fútbol pasó a dominar las conversaciones en el trabajo, los grupos de WhatsApp y hasta la cola del supermercado. Hoy, por primera vez en 27 días, no hay encuentros programados. Y esa ausencia, para muchos, se siente extraña.
Si alguien cree que es una simple percepción, está equivocado. Existe un importante cuerpo de investigaciones psicológicas que analiza qué ocurre con la mente de los hinchas cuando un torneo de semejante magnitud termina o entra en pausa.
Tras el Mundial de Sudáfrica 2010, un relevamiento de la consultora Horizon detectó que cerca del 70% de los espectadores encuestados en China manifestó haber experimentado algún grado de vacío emocional luego del certamen, mientras que un 14% aseguró que su estado de salud había empeorado. A su vez, el psicólogo Tomas Chamorro-Premuzic estimó que la llamada “depresión post-torneo” alcanzó al 40% de los aficionados después de aquella Copa del Mundo.
Qué es el “vacío” que sienten muchos hinchas
El fenómeno recibe distintos nombres según el enfoque de cada investigador: “post-tournament depression”, “post-competition blues” o simplemente “vacío emocional”. Más allá de la denominación, los especialistas describen síntomas similares: cansancio, mayor necesidad de dormir, irritabilidad, sensación de que falta un objetivo inmediato y una percepción de desorientación durante el día.
Los expertos consultados por distintos medios durante el Mundial de Qatar 2022 remarcaron un punto: “no se trata de una depresión clínica ni tiene la misma gravedad”. En la enorme mayoría de los casos es una transición emocional temporal, salvo en personas que ya presentaban un cuadro previo de salud mental.
La neurociencia explica por qué el cerebro “extraña” el torneo
El paralelismo con una abstinencia deja de ser una simple metáfora cuando se observan algunos mecanismos del cerebro. La explicación no está únicamente en el gol, sino especialmente en los segundos previos, cuando la expectativa alcanza su punto máximo.
Diversos estudios de neuroimagen realizados con hinchas de fútbol muestran que el sistema dopaminérgico, el circuito cerebral vinculado con la recompensa, se activa con fuerza durante la anticipación de una jugada. Regiones como el putamen responden especialmente a la expectativa del gol, incluso antes de conocer el resultado.
Esa dinámica explica por qué un partido cerrado y lleno de incertidumbre suele resultar más atrapante que una goleada definida desde temprano. El cerebro no recompensa únicamente el desenlace: también premia la incertidumbre sostenida. Y si lo sabremos después de Holanda y Francia en Qatar y Egipto en este Mundial 2026.
Los investigadores señalan que este mecanismo guarda algunas similitudes con el estudiado en los modelos de juego patológico, donde la expectativa de una posible recompensa activa el núcleo accumbens antes de saber si habrá premio.
Sin embargo, aclaran una diferencia fundamental: seguir un Mundial no genera tolerancia, compulsión ni deterioro funcional, características indispensables para hablar de una adicción en términos clínicos.
Lo que sí comparten ambos fenómenos es el corte abrupto del estímulo. Durante casi un mes, el cerebro se acostumbró a recibir emociones intensas varias veces al día y, de repente, ese flujo desaparece.
El “efecto vacío” también aparece en los deportistas
Investigaciones realizadas con atletas olímpicos describen un fenómeno similar desde la otra perspectiva: el llamado “efecto vacío”.
Después de meses o años de preparación con un único objetivo, muchos deportistas experimentan una sensación de desorientación cuando la competencia concluye, producto de cambios en el circuito de recompensa y del brusco descenso de intensidad emocional.
La buena noticia es que este primer día sin partidos será breve. Mañana volverá la competencia y todavía restarán los cuartos de final, las semifinales y la final. El verdadero desafío aparecerá cuando el torneo termine definitivamente y el cerebro deba adaptarse otra vez a la rutina habitual, lejos del ritmo frenético de un campeonato internacional.
Los especialistas coinciden en algunas recomendaciones sencillas: anticipar el final del torneo, recuperar horarios normales de sueño y alimentación, y aceptar que ningún partido cotidiano drl torneo local podrá reproducir la intensidad emocional de unos cuartos, una semi o una final entre las mejores selecciones del mundo.
En definitiva, el organismo no necesita reemplazar inmediatamente esa descarga de emociones. Como resumen los expertos, “el cuerpo no necesita otro Mundial; necesita tiempo para bajar un cambio que él mismo subió”.

