Un golpe planificado al detalle puso en jaque la seguridad de un depósito logístico en Lanús y dejó al descubierto una modalidad delictiva cada vez más sofisticada: bandas que simulan operativos oficiales para irrumpir sin levantar sospechas. El episodio terminó con un botín millonario, sin detenidos hasta el momento.
De acuerdo a fuentes de la investigación, el grupo —integrado por al menos cuatro personas— llegó al lugar con indumentaria similar a la de fuerzas de seguridad. Esa puesta en escena fue clave para ingresar al predio sin generar resistencia inicial. Una vez adentro, la situación cambió abruptamente: exhibieron armas de fuego y tomaron el control del lugar en cuestión de segundos.
Los trabajadores fueron reducidos y obligados a permanecer en el suelo mientras los asaltantes se desplegaban por distintos sectores del galpón. La maniobra no fue improvisada: buscaban un objetivo concreto. Bajo amenazas, identificaron al personal administrativo vinculado al manejo de dinero y exigieron acceso a las cajas fuertes.
Mientras algunos vigilaban a los empleados, otros recorrieron oficinas y áreas de almacenamiento. El movimiento interno fue coordinado, con indicaciones cruzadas para optimizar tiempos y evitar errores. En pocos minutos, lograron hacerse con una suma cercana a los 20 millones de pesos en efectivo. También sustrajeron teléfonos celulares y pertenencias personales, posiblemente para entorpecer una reacción inmediata o el rastreo posterior.
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El golpe duró apenas unos minutos. Tras reunir el botín, la banda se retiró sin que se produjeran enfrentamientos ni heridos. Recién entonces las víctimas pudieron alertar a la policía.
Los investigadores analizan ahora las cámaras de seguridad y buscan reconstruir la ruta de escape. Una de las dificultades es que el registro fílmico se interrumpe en pleno asalto, lo que complica seguir la secuencia completa. No se descarta que haya existido algún tipo de inteligencia previa sobre el movimiento de dinero en el lugar.
La causa quedó a cargo de la fiscalía de Lanús, que trabaja junto a personal de investigaciones para identificar a los autores. Por el momento, no hay detenidos y la principal hipótesis apunta a una banda organizada con experiencia en este tipo de golpes, donde la suplantación de identidad policial funciona como llave de acceso y factor sorpresa.

