El cronista buscaba un testimonio sobre la realidad económica, pero se topó con una revelación que descolocó a todos. Roberto, un hombre que caminaba tranquilamente, se detuvo a charlar sobre lo fácil y accesible que está comprar y consumir hoy en día, asegurando con total convicción que la situación actual es mucho más sencilla para cualquier consumidor que tiempo atrás.
“¿Para vos cambió de consumo y hoy es más accesible?”. El entrevistado, no dudó un segundo: “Está re accesible… hoy está más fácil”. El periodista, buscando el dato de color sobre ofertas de supermercado, quiso profundizar: “¿En qué lo notás?”
Ante la duda del periodista sobre en qué aspectos específicos se percibía esa “facilidad”, el entrevistado no dudó en señalar a la tecnología como la gran catalizadora y aliada de esa sencillez en las “transacciones modernas”.
La oferta tecnológica
Según explicó este vecino, la clave del éxito comercial hoy pasa por una aplicación de mensajería muy conocida. Para él, basta con entrar a ciertos grupos, buscar una plaza cercana y allí se encuentra absolutamente todo lo necesario, aunque admitió con cierto pesar que esa es la realidad del momento.
Roberto incluso comentó que, a pesar de intentar mantenerse alejado de los teléfonos celulares, es plenamente consciente de que la logística en espacios públicos funciona a la perfección para quienes buscan rapidez y buenos precios.
Un malentendido viral
El aire se volvió espeso cuando el periodista, procesando que no estaban hablando de fideos, arroz o polenta, ni siquiera harina o azúcar impalpable, balbuceó: “Vos me estás hablando de… Drogas“… La respuesta de Roberto fue un silencio de complicidad, hasta que llegó el golpe de gracia del cronista: “Ah, no, no. Yo te hablo del consumo general”
Al notar que acababa de confesar sus profundos conocimientos sobre el submundo digital, la reacción de Roberto fue inmediata: “no me mandes al frente”, pidió desesperadamente, intentando evitar quedar expuesto ante las cámaras.
La epifanía de Roberto fue instantánea y desternillante. Al darse cuenta de que acababa de admitir sus conocimientos de “la placita” en televisión nacional, solo pudo atinar a decir: “No me quemés”. Entre risas nerviosas, abrazo al notero, y la sensación de haber sido “mandado en cana” por su propia lengua, el hombre se retiró del plano,
En redes unos cuantos agregaron que sin duda se está frente a una de las anécdotas más recordadas del periodismo de exteriores.
Hoy, el paradero de Roberto es un misterio. ¿Habrá borrado finalmente el Telegram o seguirá buscando ofertas donde el “consumo” no tiene nada que ver con la canasta básica? En las plazas, por ahora, el silencio es absoluto.

