La crecida del río Paraná vuelve a poner en alerta a los productores ganaderos del norte santafesino. Con el avance del agua sobre las zonas de islas y los terrenos bajos, sacar los animales hacia áreas seguras se convirtió en una carrera contra el tiempo, marcada por las dificultades para conseguir transporte fluvial y espacios donde alojar la hacienda.
El traslado de animales, bajo presión
La evacuación de los rodeos requiere una organización que contempla embarcaciones, personal y lugares aptos para recibir a los animales. Sin embargo, la disponibilidad limitada de barcazas reduce la capacidad de respuesta y dificulta completar los traslados al ritmo que demanda la situación hídrica.
El problema se agrava porque los productores necesitan encontrar alternativas antes de que el agua avance sobre los sectores donde permanece el ganado. En ese contexto, la coordinación de los movimientos resulta fundamental para evitar que los animales queden aislados o expuestos a condiciones adversas.
La falta de campos suma dificultades
A los obstáculos para transportar la hacienda se agrega la escasez de campos disponibles para recibir animales. Los terrenos elevados y con pasturas suficientes son indispensables para mantener los rodeos mientras persistan las condiciones que impiden su permanencia en las islas.
La demanda de estos espacios puede generar mayores costos para los productores, que deben resolver dónde alojar sus animales y cómo sostener su alimentación durante el período de emergencia.
Una carrera contra el avance del agua
La situación vuelve a exponer la vulnerabilidad de la actividad ganadera frente a las crecidas del Paraná. La necesidad de trasladar grandes cantidades de animales en un período acotado exige recursos logísticos que no siempre están disponibles en la cantidad necesaria.
Mientras continúa el operativo, la disponibilidad de embarcaciones y de campos seguros aparece como un factor decisivo para reducir las pérdidas y proteger la hacienda en el norte de Santa Fe.
El desafío inmediato será completar los traslados antes de que las condiciones empeoren y garantizar que los animales evacuados cuenten con lugares adecuados para permanecer hasta que puedan regresar a sus zonas habituales.


