Cada 2 de noviembre, el Día de los Muertos invita a recordar a quienes ya no están. En La Plata, esa fecha tiene un escenario que guarda una particularidad difícil de encontrar en otras ciudades: su cementerio fue diseñado como una réplica de la propia capital bonaerense. Tiene calles, avenidas, diagonales, manzanas, plazas y plazoletas, como si detrás de sus muros existiera otra ciudad, habitada por quienes formaron parte de la historia platense.

La curiosidad tiene un origen que se remonta a los primeros años de la fundación. El Cementerio Municipal de La Plata fue proyectado por el ingeniero Pedro Benoit, responsable de importantes trabajos vinculados con la planificación urbana de la capital provincial. Su construcción fue aprobada en octubre de 1884 y quedó habilitado para el servicio público el 19 de enero de 1887, en reemplazo del antiguo cementerio de Tolosa.
La necrópolis platense fue concebida como un espacio de una continuidad de su particular organización geométrica. La distribución de sus calles y manzanas reproduce el esquema urbano que distingue a La Plata y convierte al predio en una suerte de casco histórico paralelo.

Una ciudad dentro de otra ciudad
Ubicado en el sector comprendido entre las avenidas 72 y 76 y las calles 131 y 137, el Cementerio Municipal es también uno de los espacios patrimoniales más particulares de La Plata.
Su acceso principal fue concebido con reminiscencias de un templo griego, con columnas de orden dórico y una composición arquitectónica neoclásica. En su interior conviven bóvedas familiares y construcciones de distintos estilos: neoclásico, neogótico, art nouveau, art déco y neoegipcio.

Cada construcción cuenta algo de la época en que fue levantada, de las familias que la encargaron y de las corrientes arquitectónicas que marcaron el crecimiento de la ciudad. Por eso, recorrer sus calles también supone hacer un viaje por la historia social y cultural platense.
El lugar conserva, además, los restos de personalidades que dejaron su huella en la historia argentina y bonaerense. Entre ellas aparecen el poeta Pedro Bonifacio Palacios, conocido como Almafuerte; el científico Florentino Ameghino; el filósofo Alejandro Korn; el político Ricardo Balbín y el artista Pepe Podestá.

En 2018, el casco histórico del cementerio fue declarado patrimonio cultural y monumento histórico provincial, un reconocimiento a su valor arquitectónico e histórico.
Cuando ir al cementerio también era un paseo familiar
La relación de los platenses con su cementerio también cambió con el paso del tiempo. A fines del siglo XIX y principios del XX, visitar a los difuntos podía convertirse en una actividad social que se extendía durante varias horas.

Las familias concurrían juntas, permanecían junto a las bóvedas y compartían momentos de conversación y encuentro. Incluso existía una costumbre que hoy puede resultar llamativa: algunos jóvenes de familias tradicionales se conocían durante esas visitas y llegaban a iniciar relaciones sentimentales.
El cementerio era entonces mucho más que un lugar de despedida. Formaba parte de la vida cotidiana y de los rituales familiares de una sociedad que mantenía una relación mucho más visible con la muerte.
Las flores y una tradición que también marcó el barrio
La cercanía del cementerio también dejó su marca en la actividad comercial de la zona. Sobre la avenida 131 se desarrolló un perfil vinculado con la floricultura y los servicios funerarios, impulsado especialmente por las visitas masivas que se realizaban durante las conmemoraciones del Día de los Difuntos.

El 2 de noviembre era una fecha importante para ese movimiento: las flores se convertían en protagonistas de una jornada dedicada a recordar a familiares y seres queridos.
Así, la tradición de visitar las tumbas también contribuyó a construir una identidad particular en ese sector de la ciudad.
En el Día de los Muertos, La Plata ofrece una postal singular: una ciudad que tiene otra ciudad en su interior, con sus propias calles, diagonales y plazas. Un espacio donde la arquitectura, la memoria y las historias de quienes construyeron la capital bonaerense siguen formando parte del paisaje cotidiano.



