Caminar por La Plata, entre tilos y jacarandás de la Diagonal 73, es encontrarse con postales donde historia y arquitectura dialogan a diario. En la esquina de calle 9 y 58, también atravesada por esa arteria mencionada, se erige la imponente Basílica del Sagrado Corazón de Jesús.
Allí dentro, cuando el bullicio urbano queda amortiguado por las bóvedas del templo, comienza una experiencia sensorial única. El alma de esa atmósfera es Silvia Abiuso, vecina platense de 62 años que lleva cuatro décadas custodiando el sonido del instrumento más majestuoso de la ciudad.
Silvia tenía apenas 19 años cuando pisó por primera vez el coro alto para sentarse frente a la consola de madera y metal. Desde aquel momento, su vida quedó entrelazada con el ritmo litúrgico local. “Soy de acá de la ciudad de La Plata, organista hace más de 40 años. Necesitaba mis conocimientos de este instrumento, ponerlos al servicio de la liturgia y bueno, y así se unieron estas dos pasiones de tocar un instrumento y servir a la liturgia y a la música litúrgica”, reflexiona Silvia sobre una vocación que ya es patrimonio vivo de la región.
Una joya de viento y mil quinientos tubos
El instrumento que Silvia acaricia cada semana es una joya centenaria de manufactura alemana de la marca Laukhuff, traída a la Argentina a principios del siglo XX. Es un coloso aerófono que alberga una catedral sonora en su interior: cuenta con tres teclados manuales, pedalera completa y una estructura con más de 1500 tubos por donde circula el aire comprimido.
Poner en marcha semejante obra artesanal requiere destreza técnica y oído absoluto. “Es de la marca Laukhuff y tiene más de 100 años. Es un hermoso instrumento de tres teclados o tres manuales, algo así como más de 1600 tubos. El material sonoro está dentro de esta caja, que son los tubos por donde va a pasar el aire. Por eso decimos que es un instrumento de viento, un aerófono”, detalla la organista.
Previo a que brote la primera nota, la rutina exige un ritual meticuloso: “Antes de sentarme tuve que encender el motor, que es el que le va a generar ese aire constante para que ingrese a las distintas familias de tubos. Entonces, para que suenen estas teclas tengo que accionar algunos registros”. Cada tirador de registro cambia la entonación y el timbre en una paleta armónica irrepetible.
El eco nacional de una devoción platense
A lo largo de cuarenta años, la música de Silvia acompañó bautismos, casamientos y misas de generaciones de platenses. Sin embargo, su labor silenciosa trascendió las fronteras del barrio gracias a un emotivo informe especial que elaboró el equipo periodístico de TN Todo Noticias para todo el país.
La pantalla nacional permitió que argentinos de diversas provincias descubrieran la calidez de esta artista local y el valor inestimable del órgano centenario que resiste al paso del tiempo en La Plata. Muchos se preguntaban si se tratana de la Catedral más linda del mundo, pero otros en comentarios les aclaraban la diferencia entre esta basílica y el templo mayor ubicado a unas 6 cuadras de distancia, apenas.

Para los vecinos que transitan la zona de plaza Rocha o caminan por calle 9, escuchar las vibraciones graves que retumban en los vitrales se convirtió en un sello de identidad. Se trata de ejecutar piezas sagradas, pero también de sostener viva una tradición que une fe, cultura y memoria edilicia.
El desafío permanente del arte y la fe
A pesar de su vasta trayectoria y de dominar partituras complejas, Silvia sostiene una humildad conmovedora frente al teclado. Cada domingo y cada ensayo representan un compromiso renovado con su vocación.
“Tengo mucho amor por este instrumento porque es de gran valor artístico y cultural. Uno encara una obra nueva, uno se pregunta: ¿Lo podré lograr? ¿Lo podré hacer? Y entonces eso también es lo que me mueve a seguir estudiando y seguir avanzando”, confiesa entre sonrisas y mirada serena.
Con esa actitud de permanente aprendiz, Silvia Abiuso demuestra que la verdadera maestría reside no en la rutina, más bien en el respeto sagrado por el arte. Mientras sus manos sigan recorriendo esos tres teclados históricos, La Plata continuará escuchando el latido profundo de este órgano centenario.


