“Chicos, una tortita, una tortita.” Así empieza el video que grabó el secretario de Gobierno de La Plata y secretario general del PJ local, Guillermo “Nano” Cara, durante su visita a la cooperativa “El Grillo” de la esquina de 2, calle 65, y diagonal 73. No es un clip hecho por una productora ni hay micrófono de un medio tradicional de comunicación. El que pregunta, camina el lugar y escucha es el propio Cara, que publicó el registro en sus redes bajo la etiqueta Orgullo Platense.
“Es grande este hombre de cuerpo, físico y de mente que lo estamos reconociendo”, dice alguien que pasaba a la cámara. Y agrega: “Vinimos a reivindicarlo”. Del otro lado está Grillo, que recibe la visita en su ya histórico “bunker” y, entre una frase y otra, reparte tortitas negras u otras facturas a quien pasa por allí tirando de un carro a veces más y otras menos destartalado.
Detrás de la historia está Luis Ferrer, conocido como Grillo, integrante de la familia que estuvo al frente de la panadería ubicada allí, cerca de Plaza Matheu. Llegó al oficio a los 12 años, cuando lo invitaron a aprender para salir de la calle, y desde entonces convirtió aquella oportunidad en una forma de ayudar a otros.
La iniciativa de ofrecer precios especiales, por ejemplo a los jubilados surgió al ver cómo muchos abuelos contaban las monedas antes de comprar. También impulsó una escuela en 97 entre 115 y 116 para que chicos en situación vulnerable o que atraviesan la calle puedan aprender el oficio. Según alguna vez explicó Ferrer, vender algunos productos a otro precio les permitía reunir recursos para seguir produciendo y sostener el proyecto. Una manera de devolver la ayuda que él mismo recibió cuando era chico.
En el posteo, Cara escribió que “la esquina del Grillo combina solidaridad, enseñanza y producción”. Y cierra con un agradecimiento: “Gracias Luis por abrirnos las puertas para conocer tu historia”.
Entró por esa puerta
“Dicen que empezaste barriendo y que te llamó el dueño”, le plantea Cara. La respuesta de Grillo llega corta y sin adornos: “Ese hombre me salvó la vida”.
“¿Qué año fue eso?”, pregunta Cara. “80 y piquito”, contesta Grillo. Después cuenta cómo empezó todo: “Entré por esa puerta y me enamoré”. Lo que lo atrapó fue el olor a vainilla de una panadería de aquellos años.
“Esa puerta” dio a luz a la cooperativa que es hoy. “Un hogar de chicos de la calle. Esa fue la primer panadería que hice”, recuerda. Y cuando habla de esos chicos no pone distancia: “Yo era uno de esos”.
Compartir el pan
Entre facturas, los visitantes no se guardan el veredicto: “Son geniales. Indiscutiblemente son geniales”. Después le da una vuelta a una palabra que usa todo el tiempo en política. Compañero, dice, “viene de compartir el pan”, de compartir la vida.
En una pared hay un dibujo de René Favaloro, y el video registra la pregunta retórica del propio Grillo: “¿Y sabés dónde venía a comprar galletas sin sal y grisines?… Acá”. Es el dato que más suena a ciudad, y se cierra con una frase que explica la etiqueta del posteo: “Me siento parte de la ciudad”. Habla de “recuperar precisamente ese orgullo de la identidad propia del platense”.
Hoy son todos papás
La recorrida sigue por la panadería. “Hola, ¿cómo están?”, saluda Cara a los que trabajan entre bandejas y harina. Grillo los presenta con una frase que pesa: “Todos ellos pasaron por las malas, pero mirá, hoy son todos papás”.
Detrás de cada uno de esos hombres hay una historia parecida a la del maestro. Alguien, en algún momento, les abrió la misma puerta que a él le abrieron en los años 80.
La cooperativa es una mano amiga para los chicos y grandes que atraviesan los días duros de la calle y encuentran ahí algo para llevarse a la boca.
Cara se despide mirando a la cámara: “Cuando hay gente que sale colectivamente, que la pelea ayudándose uno con otro, sale y crece y genera un buen ejemplo. Así que un poco estamos mostrándolo”.
Alguien podrá objetar que se trata de un video de un “político haciendo política”, y en estos tiempos de estigmatización a esa actividad, incluso sumergido en “el barro preelectoral”, reivindicar la tarea de El Grillo, merece la pena, venga del color partidario que venga.


