La relación entre el Papa Francisco, fallecido hoy en Roma, y la ciudad de La Plata no fue profunda ni particularmente simbólica, pero sí dejó ciertos trazos que merecen atención, sobre todo por el contraste entre las tensiones internas de la Iglesia y los gestos concretos que marcaron su papado en relación con la capital bonaerense.
LA INUNDACIÓN Y FRANCISCO
El vínculo más inmediato ocurrió en abril de 2013, apenas semanas después de su elección como Sumo Pontífice. Fue a partir de la devastadora inundación que azotó la ciudad y dejó un saldo trágico.
El entonces recién asumido Papa respondió con una donación de 50.000 dólares para asistir a los damnificados, a través del entonces “Pontificio Consejo Cor Unum“.
Fue un gesto que denotó sensibilidad pastoral y una rápida reacción ante la emergencia social, fiel a su estilo de cercanía con los que sufren. Casualmente Unos días antes de la inundación la ciudad había renombrado un tramo de la Avenida 53 como “Papa Francisco”.

LAS DIFERENCIAS CON HÉCTOR AGUER
Pero quizá el punto más notable del vínculo de Jorge Bergoglio con La Plata se dio dentro de la estructura eclesiástica misma, en una relación más bien áspera con quien entonces era el arzobispo de la ciudad, monseñor Héctor Aguer.
Hombre fuerte del ala conservadora de la Iglesia argentina, Aguer fue durante años una figura opuesta a la sensibilidad pastoral de Bergoglio. Las diferencias entre ambos ya eran conocidas en la época en que compartían la Conferencia Episcopal, pero se intensificaron durante el papado de Francisco.
Aguer llegó incluso a criticar abiertamente al Papa, acusándolo de “monárquico absolutista” por decisiones tomadas desde el Vaticano.
Años después de su retiro, sus cuestionamientos públicos continuaron, especialmente hacia la línea doctrinal aperturista del pontífice. Estas fricciones hicieron evidente que La Plata era, en tiempos de Aguer, un bastión conservador dentro del mapa eclesial argentino.
LA LLEGADA DE “TUCHO” FERNÁNDEZ
Por eso resultó significativo que, al aceptar la renuncia de Aguer en 2018, el Papa designara como nuevo arzobispo de La Plata a Víctor Manuel “Tucho” Fernández.
Este teólogo, de estrechísima relación con Francisco y ex rector de la Universidad Católica Argentina, representaba un viraje claro hacia una impronta más progresista.
El nombramiento fue una jugada política interna: colocar a un hombre de su máxima confianza en una arquidiócesis que había sido bastión del ala más tradicionalista.
Durante su paso por La Plata, Fernández implementó reformas pastorales acordes a la visión de Francisco, promoviendo una Iglesia más abierta y menos moralista.
Su gestión marcó un fuerte contraste con la de su predecesor. En 2023, Fernández fue promovido al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, uno de los cargos más relevantes de la Curia romana, consolidando su lugar como uno de los principales intérpretes del pensamiento bergogliano.
Así, la ciudad de La Plata, sin haber sido nunca un eje central en la biografía de Bergoglio, terminó siendo un escenario clave en su estrategia de transformación de la Iglesia argentina: primero, como lugar de gesto solidario; luego, como símbolo del giro doctrinal que quiso imprimir al catolicismo en su país natal.

