Lo que parecía un procedimiento policial terminó siendo una brutal entradera protagonizada por una banda organizada que atacó a una familia en Ituzaingó. El grupo actuó con una coordinación llamativa: llegó encapuchado, vestido de negro y utilizó un ariete para destruir el acceso principal de la propiedad en apenas segundos.
El episodio ocurrió durante la noche del jueves, cerca de las 20.20, en una vivienda situada a metros de la avenida Intendente Carlos Ratti. Las cámaras de seguridad registraron cómo al menos tres hombres descendieron de un vehículo y avanzaron directamente hacia el portón, mientras otro cómplice permanecía afuera listo para facilitar la huida.
Según contaron las víctimas, los asaltantes tenían un comportamiento que generó confusión desde el primer momento. La manera de moverse, las herramientas utilizadas y el despliegue hicieron pensar inicialmente en un allanamiento verdadero. “No parecían delincuentes comunes”, sostuvo una de las mujeres atacadas.
Robo, persecución, choque y un detenido en Ituzaingó
Dentro de la casa estaban los padres junto a su hija. Al escuchar el estruendo provocado por el ariete, intentaron refugiarse mientras uno de los integrantes de la familia buscó escapar hacia los techos para pedir ayuda. En medio de la desesperación comenzaron a sonar tanto la alarma interna como el sistema vecinal.
Los ladrones revolvieron distintos ambientes y reclamaron dólares de manera insistente. Aunque la familia entregó pertenencias y llaves de vehículos para intentar frenar la agresión, los delincuentes continuaron amenazándolos y golpearon a dos de las víctimas.
La irrupción duró apenas unos minutos, pero fue suficiente para causar destrozos y sembrar temor en todo el barrio. Finalmente, la presión generada por las alarmas y el movimiento de vecinos provocó la retirada del grupo, que escapó con algunos objetos de valor y un teléfono celular.
Uno de los detalles que más indignación causó entre los damnificados fue la tranquilidad con la que huyeron los atacantes. De acuerdo al relato de testigos, uno de ellos incluso saludó con la mano antes de abandonar la zona.
Ahora la investigación intenta determinar si la banda ya había realizado hechos similares en otros puntos del conurbano y si contaban con información previa sobre la familia atacada.

