Durante casi cuatro años, en los barrios del conurbano nadie sospechó de “Don Rolo”. Para los vecinos era apenas un jubilado más, un hombre de bajo perfil que entraba y salía sin llamar la atención. Pero detrás de esa identidad silenciosa se escondía un prófugo acusado de haber protagonizado un violento ataque a puñaladas que casi termina en tragedia.
Raúl Paz llevaba años escapando de la Justicia tras haber sido señalado como autor de un brutal episodio ocurrido luego de una cena con un amigo. Según la investigación, una discusión atravesada por celos y reproches por una supuesta relación sentimental escaló de manera feroz hasta que tomó una navaja y lo atacó repetidas veces. La víctima quedó gravemente herida, abandonada y sin posibilidades inmediatas de pedir ayuda, aunque logró sobrevivir y relatar lo sucedido.
Desde entonces, Paz desapareció del radar judicial. Cambió de nombre, se movió entre distintos domicilios del conurbano y adoptó una vida casi fantasma para no ser detectado. Durante años logró esquivar a los investigadores y mantener una rutina clandestina sin despertar sospechas.
Pero el prófugo cometió un error que terminó derrumbando su escondite. Un movimiento bancario activó una pista clave: había solicitado un crédito de 650 mil pesos mientras seguía cobrando beneficios previsionales. Ese detalle permitió a los investigadores reconstruir parte de su recorrido y seguirle los pasos.
Con vigilancia encubierta y tareas de inteligencia, efectivos de la División Homicidios de la Policía Federal detectaron que el acusado regresaba siempre al mismo domicilio para pasar la noche. Así montaron el operativo final y lo capturaron sin resistencia.
La caída de “Don Rolo” puso fin a casi cuatro años de fuga. Ahora quedó nuevamente frente a la Justicia, acusado por homicidio en grado de tentativa agravado, en una causa que volvió a exponer cómo un detalle inesperado puede derrumbar hasta la fuga más calculada.

