Pasó. Pasó la etapa en la que Fernando Zaniratto fue salvador, bombero, redentor. Pasó ese momento de idilio total, en que los hinchas de Gimnasia le manifestaban un agradecimiento genuino, real, merecido, por haber sacado al equipo de su pozo más oscuro y, como si fuera poco, haberlo llevado a pelear otra vez un título. Ahora, el DT del Lobo atraviesa otras obligaciones. Y en este contexto, sobre todo a partir de los últimos resultados, otras exigencias.
En efecto, Zaniratto pasó de salvador a evaluado. Porque ahora sí su trabajo está bajo examen. Antes, en los tiempos de urgencia, lo que pudiera hacer (que fue mucho) estaba bien, alcanzaba. Ahora la vara se elevó, las críticas tienen otro peso, las necesidades son otras.
El empate contra Estudiantes, con el arrastre de la derrota ante Barracas, puso por primera vez en foco al DT. Por la forma en la que Gimnasia afrontó el Clásico, demasiado respetuoso de su rival y superado en gran parte del juego. Y además, por el tono de sus declaraciones, sintiéndose inferior a su rival, algo que puede ser lógico, pero que también fue palpable. Así lo transmitió: “No sé si pudimos hacer algo más, es lo que nos permitieron hacer”, declaró.
Zaniratto tiene hoy un plantel que lo obliga a jugar mejor. Ya no es el sálvese quien pueda. Ahora, con las llegadas de jugadores de jerarquía, como Nacho Miramón y Nacho Fernández, la devolución en cancha tiene que ser otra. Y por lo pronto, el DT todavía no pudo sacarle todo el jugo a los refuerzos.
Las cuentas pendientes
Tras un buen arranque, con dos victorias en tres partidos, el equipo cayó en su nivel. Y lo dicho: los nuevos todavía no entraron en sintonía. Nacho Fernández no tuvo aún la injerencia esperada. Hay, obviamente, una responsabilidad del volante, pero el 8 no se sintió del todo cómodo en el esquema, como si no encontrara su lugar. Jugó demasiado de espaldas con Barracas y contra Estudiantes apareció en cuentagotas, con un equipo que jugó largo y lo pasó casi siempre por arriba. También Zaniratto deberá buscarle una solución, para que tenga otro protagonismo.

Con Miramón hay un atenuante: la lesión que sufrió antes del comienzo del torneo y que todavía no le permitió estar en plenitud. Pero luego de ponerlo de titular con Barracas, volvió a sacarlo para el Clásico y ahí generó una situación que fue muy cuestionada en la previa. Para muchos, el pibe de Bolívar no debió salir del 11, más allá del buen partido de Augusto Max, su reemplazante. Fue una variante que marcó cómo el Lobo afrontó el partido.
En defensa, el equipo parece haber perdido cierta solidez. Pero más por las dudas que pudo haber generado el presente del Mono Insfrán que por una cuestión de nombres. De hecho, la aparición de Steimbach como cuatro bien puede considerarse un acierto del DT, porque fue uno de los mejores en el arranque del campeonato.

Por último, el ataque. La ausencia de Panaro en dos partidos de suspensión provisoria se sintió, pero el Lobo perdió algo de efectividad en líneas generales. Igual, en ofensiva, el crédito está abierto a la fórmula de una primera línea de ataque de tres (Franco Torres, Nacho, Panaro) con el Chelo de punta. Pero necesita volver a tener esa contundencia que le valió llegar a la semifinal del Clausura.
Con ese escenario, se vienen fechas de alta prueba para el Lobo y la conducción de Zaniratto: un recién ascendido como Gimnasia de Mendoza es la primera parada, un arma de doble filo. Y después, Central, Tigre y Argentinos van a poner a prueba de verdad la templanza del entrenador y del equipo, para terminar de saber de qué están hechos.

