En épocas donde los árbitros tienen cero confiablidad, todas las miradas estaban puestas sobre Darío Herrera. Después de su cuestionado arbitraje en la final que Rosario Central le ganó 3-1 a Estudiantes en Santiago del Estero, el juez volvió rápidamente a tener acción y lo hizo nada menos que en Rosario.
La Dirección Nacional de Arbitraje lo designó para impartir justicia en el encuentro entre Newell’s y Lanús, por la fecha 11 del Torneo Clausura, con Fernando Espinoza a cargo del VAR.

La elección había generado expectativa por el contexto reciente y también por tratarse del clásico rival de Rosario Central. En las tribunas del Coloso Marcelo Bielsa incluso aparecieron referencias al Canalla y cánticos contra Claudio “Chiqui” Tapia.
El clima se hizo sentir desde las tribunas, con una temperatura elevada y cierta tensión alrededor de la figura del árbitro, que llegaba a Rosario después de una semana cargada de cuestionamientos. Entre banderas, panfletos y manifestaciones de los hinchas de la Lepra, Herrera salió a dirigir un encuentro en el que cada decisión podía quedar especialmente bajo la lupa.
Mirá el reconocimiento de campo de Herrera: mate en mano y tranquilidad antes del partido
Pese al clima que se vivía en el Coloso, Darío Herrera realizó el reconocimiento del campo de juego con absoluta tranquilidad y tomando mate, a minutos de volver a dirigir después de la polémica final.
A diferencia de lo ocurrido en Santiago del Estero, Herrera atravesó el encuentro entre la Lepra y el Granate sin quedar involucrado en grandes controversias. El partido se desarrolló sin situaciones arbitrales determinantes que volvieran a colocar al juez en el centro de la escena.

Una semana después de una final que provocó fuertes reclamos de Estudiantes, Herrera volvió al campo de juego bajo la lupa y esta vez completó una actuación sin mayores sobresaltos.


